EL BOSQUE

La guerra civil en clave bizarra

Título Original: THE BOSC Dirección: Óscar Aibar Guión: Albert Sánchez Piñol, sobre su propio relato Intérpretes: Álex  Brendemühl, María Molins, Pere Ponce, Tom Sizemore, Josep Maria Domènech Nacionalidad: España. 2012 Duración: 98 minutos ESTRENO: Diciembre 2012


El bosc ilustra perfectamente la coherencia de un narrador bizarro. Esto es, en ese seto de media docena de árboles pelados, en los que unas luces inexplicables e inexplicadas introducen lo maravilloso en el seno de una desgarrada crónica sobre la guerra civil, se inscribe toda la heterodoxia de lo que se debe al extrañamiento. Su realizador, Óscar Aibar, resulta inclasificable. Su anterior título, El gran Vázquez, con estar atravesado por la iconoclastia del personaje real en la que estaba basado, supuso su mayor gesto de adecuación a la realidad. Por eso, ahora, en El bosc, Aibar recupera esa capacidad para penetrar en la tierra hostil de lo imprevisto, una suerte de delirio con gotas de absurdo y con mucho vitriolo irónico.
Se puede percibir El bosc desde ópticas muy diferentes. Su vocación de constructo estrafalario, irreverente y crítico, abre un abanico amplio de interpretaciones. Pero se mire desde donde se mire, lo que no parece mostrar duda alguna es la sólida coherencia de su realizador. Basado en el relato de Albert Sánchez Piñol, quien a su vez encontró inspiración en la figura de H. G. Wells, Aibar construye por encima de todo un encendido homenaje al poder de la fantasía para conjurar los negros augurios de lo real. Para ello, El bosc no duda en dar una vuelta de tuerca, en entrelazar, deshacer y rehacer lo que antes que él hicieron Guillermo del Toro en El laberinto del fauno y Agustí Villaronga en Pá negre.
Ante la visión de la odisea de un pequeño terrateniente en el Aragón profundo en la frontera con la no menos profunda Cataluña, Aibar se complace en relatar la insania de un grupo de anarquistas conducido por un amante despechado. La habitual crónica política adquiere aquí un barniz inquietante. En El bosc, la bondad y la maldad no dependen tanto de lo que se dice defender, sino de cómo se defiende. Lo mismo acontece con los sentimientos, con las lealtades y las actitudes. Acometida con un desparpajo que por su excentricidad evoca el mejor Cuerda que se perdió para siempre, El bosc es,  pese a su irregular factura, un filme singular.

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