ADAM RESUCITADO

El fin de la humanidad

Título Original: ADAM RESURRECTED Dirección: Paul Schrader  Guión: Noah Stollman; basado en la novela “El hombre perro”, de Yoram Kaniuk  Intérpretes: Jeff Goldblum, Willem Dafoe, Derek Jacobi, Ayelet Zurer, Joachim Król  y Hana Laszlo  Nacionalidad: Alemania, EE.UU. 2008   Duración:  106 minutos ESTRENO: Octubre 2012

En el periplo vital de este Adam resucitado resuenan vibraciones que van del estupor al sinsentido en un proceso de aliteración que enfoca la maldad y sofoca el ánimo. Paul Schrader, el guionista atormentado por la culpa, el cineasta conmovido por el desgarro y la angustia existencial, guionista de obras de referencia como Taxi Driver y Toro salvaje, director de títulos inolvidables como Mishima y Afliction, encuentra en la novela del hebreo Yoran Kaniuk, esa encrucijada en la que se abrazan todos sus fantasmas, todos sus tormentos. El hecho de que se estrene entre nosotros con cuatro años de retraso  se debe a dos causas obvias: que estamos ante el filme más rugoso, contrahecho y cortante de Schrader y que comienza a ser preocupante el estado actual de la cultura que vivimos.    
Concebida como un mosaico de flashbacks, que alterna el presente fílmico ubicado en los años 60, el origen del relato, al final de los 20, y las fauces del horror del exterminio nazi ,en los años 40, la novela de Kaniuk siembra el relato con poderosas estampas que Schrader conduce bajo la extraña fisicidad de Jeff Goldblum. Esa elección resulta decisiva para forjar la naturaleza del filme. Schrader, que como Scorsese, gusta levantar sus películas bajo la batuta de un rostro preeminente, escoge a Goldblum para encarnar la locura, la depravación, el horror, la esperanza, la seducción, el perdón y el sexo. Pocas veces a un actor se le ha exigido tanto. Y Goldblum,  actor de registros limitados y carisma incierto, lleva su personaje, con la aprobación de Schrader, hacia un terreno que impide el más mínimo acercamiento al personaje. Construido con el gesto excesivo del Casanova de Fellini, enfrentado a un texto sobrecargado de referencias y empeñado en asomarse al abismo del holocausto desde lo simbólico y la redención, Adam resucitado introduce sus dedos en la llaga del final de la humanidad. Su infeliz protagonista, este Adam que se agita confuso, era un payaso-mago, un inconsciente empeñado en acariciar la fantasía en el tiempo en el que se cultivaba el terror del nazismo. Preñada de pliegues, de excentricidad y de poderosas concomitancias, Adam resucitado es un filme desajustado, que escuece y desconcierta y que atrae más por lo que podía haber sido que por lo que finalmente acaba siendo. 

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