EXIT THROUGH THE GIFT SHOP

El hijo imposible de Marcel Duchamp y Andy WarholTítulo Original: EXIT THROUGH THE GIFT SHOP Dirección: Banksy Música: Geoff Barrow y Roni Size Montaje: Chris King y Tom Fulford Intérpretes: Rhys Ifans, Bansky, Thierry Guetta, Shepard Fairey y Space Invader Nacionalidad: Reino Unido. 2010 Duración: 87 minutos ESTRENO: Octubre 2010

¿Existe Banksy? ¿Qué o a quién representa? ¿Es una entidad individual o un grupo de juramentados para acabar con el mercado del Arte? ¿Por qué oculta su cara? ¿Más allá de la eficacia plástica de sus creaciones, se esconde algún valor en sus obras? ¿Dónde nació, dónde vive, en qué cree, cuál es su ideología? A estas y a otras muchas preguntas no da respuesta alguna Exit through the gift shop. Y no las da porque esto no es un documental sino una experiencia artística. Y en cuanto experiencia lo suyo no es contestar, sino interrogar e interrogarse.
El Arte, en cuanto proceso de experimentación, nada resuelve; será el espectador quien deberá buscar sus propias respuestas ante los enigmas que le plantea un texto artístico. Lo contrario, ese cine de receta y propaganda, posee el mismo valor experimental y artístico que el del prospecto de una caja de aspirinas. Es decir, su concreción se repite hasta el infinito sin espacio para la subjetividad. Casi como ese juego de serialización al que Warhol nos acostumbró y del que usa y abusa el personaje central de esta abradacabrante película antisistema que da brincos en el abismo del arte.
Dicho esto, sería ingenuo pretender que un filme firmado por Banksy nos desvelara otra cosa que no fuera sino un muestrario de incertidumbres. Estamos ante un espejismo de paradojas porque es ahí donde se cultiva un misterio llamado Banksy. Esa contradicción que bombea el argumento de Exit through the gift shop se adorna con el vestuario del falso documental. Banksy ha pasado de asaltar las paredes, de pintar muros de vergüenza y de colarse en los museos, a coger una cámara aplicando la misma actitud: atar la destreza artística con la provocación política, fundir el genio con el ingenio, lo real con lo virtual, la verdad con la impostura, el chiste con el ensayo filosófico. Ese subgénero es lo que llamamos mockumentary. Esa tierra de nunca jamás en la que la ficción y la no ficción convergen en metáfora del tiempo presente.
Por eso, si en algún lugar reside el encanto de este extraño filme que juega al equívoco, hay que buscarlo en su inteligente desplazamiento. Banksy, un supuesto artista británico, nacido cerca de Bristol, en los años de punks y destroyers, aparece como el sujeto a biografiar, el enigma a desentrañar. A los pocos minutos, Banksy da la vuelta al propósito. De convertirse en la diana del objetivo pasa a convertirse en el escrutador de un sujeto estrafalario llamado Thierry Guetta. Un sujeto que deviene en metonimia de la enfermedad de nuestro tiempo: filmarlo todo, poseerlo todo, pensar nada.
Cuando Exit through the gift shop encara la recta final, la sensación que el espectador recibe es la de un entretenido divertimento capaz de provocar (son)risas de complicidad. Aparentemente amable con el sujeto radiografíado, maquiavélicamente perverso en sus intenciones, este filme pone en tela de juicio la escala de valores canónicos del arte. Para Banksy todo arte es político pero nada en lo político es arte. Divertimento sí, pero ni estúpido ni inofensivo, ni mucho menos inocente. De este modo, vándalo para unos, vendido para otros y artista emblemático para los más, Banksy se retrata como un ser imposible.
Influido por Blek le Rat, ubicado en ese club de activistas urbanos al que pertenecen otros artistas como los que aquí se dan cita, este virtuoso del graffiti y el stencil queda aquí retratado como el hijo imposible de la unión entre Duchamp y Warhol. Extraño maridaje apadrinado por Beuys y rodado bajo la máscara del equívoco. Como documento resulta inagotable. Como propuesta, un artificio solvente. Incluso se diría que demasiado solvente. ¿Es sincero?

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