AMADOR

Caótico AranoaTítulo Original: AMADOR Dirección y guión: Fernando León de Aranoa Intérpretes: Magaly Solier, Celso Bugallo, Pietro Sibille, Sonia Almarcha y Fanny de Castro Música: Lucio Godoy Fotografía: Ramiro Civita Montaje: Nacho Ruiz Capillas Nacionalidad: España. 2010 Duración: 110 minutos ESTRENO: Octubre 2010

Hay un pozo negro hacia el que se precipitan para perderse algunos directores cuando se creen cineastas. Sólo los grandes como Ford y Hitchcock de un lado, o como Tarkovsky y Dreyer del otro, supieron afrontar ese canto letal de sirenas que enaltecen la vanidad y ofuscan el talento. Los cineastas del cuerpo se ataron a la humildad que mira al espectador con respeto. Los cineastas del espíritu se introdujeron en el ensimismamiento que hurga en las propias entrañas. Así, unos y otros, evitaron caer en la autocomplacencia. Pero con Amador, la última obra de León de Aranoa, acontece, en un registro menos delirante pero en parecida deriva autoparódica, lo mismo que en Caótica Ana de Julio Medem. No hay contrapesos, no hay contención, no hay pulso. No hay sino inconsistencia y artificio, retórica de pose y plástico. Son películas rotas con bellas secuencias en su interior.
¿Por qué León de Aranoa se empeña en no llamar a los cosas por su nombre? ¿Por qué trata de princesas a las prostitutas y llama sirenas a las personas que están postradas en sillas de ruedas? ¿Un exceso de sensibilidad poética o un cobarde eufemismo para no afrontar la realidad de las cosas?
En Amador, como en toda su filmografía, la metáfora es espejismo; el realismo, parodia; y el mensaje, verborrea. Aranoa, que construye sus personajes a partir de un ejercicio de observación, un trabajo de campo que consiste en alimentar a sus criaturas a partir de escenas de la vida cotidiana, olvida que mirar no significa ver y que, por mucho que contemple una realidad, le puede una querencia fabuladora, una febril imaginación que le lleva, como en Familia, a ver en las nubes informes escenas de batallas épicas, figuras de animales, retratos de gentes amigas. Él las ve, pero ¿sólo existen en su cabeza? Amador es eso. Una nube disparatada que cobra la forma de un episodio dantesco. Una joven emigrante cuida de un hombre enfermo al que todos los jueves le visita, para su alivio, una “princesa”. Emigrante, enfermo y prostituta exponen pensamientos propios de Nietzche y Góngora. Forman un triángulo imposible que languidece como la poesía decimonónica y que conjuga sin éxito humor y amor. El primero no hace gracia. El segundo aparece tan triste y desolado, que da pena.

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