LA TETA ASUSTADA

La música del miedo Título Original: LA TETA ASUSTADA Dirección y guión: Claudia Llosa Intérpretes:Magaly Solier, Susi Sánchez, Marino Ballón, Efraín Solís, Bárbara Lazón, María del Pilar Guerrero y Delci Heredia Nacionalidad: España y Perú. 2008 Duración: 94 minutos ESTRENO: Febrero 09

Entre las anécdotas que abundan en torno a la manera de dirigir de Luis Buñuel hay una lección magistral que no todos entienden. Afecta a la composición del plano y a la servidumbre que, en nombre de la belleza, suele imponer al relato cinematográfico el director de fotografía. Se puede resumir esto en una afirmación simple: un plano bonito rara vez es el plano bueno y casi nunca el necesario. Por eso mismo, el autor de Viridiana huía de la estampa y no dudaba en destrozar un encuadre si percibía en él excesiva complacencia o la sombra de lo gratuito. Claudia Llosa, la joven cineasta peruana autora de La teta asustada, se empeña en desafiar este principio.
Y lo hace a conciencia. Compone secuencias en función de los escenarios. Congela el tiempo. Desvirtúa el verosímil. Y retuerce el perfil psicológico de sus personajes hasta llevarlos a la incoherencia. ¿Realismo mágico? Más bien el fruto del deseo de aunar una escritura personal y contemporánea con un paisaje indigenista y anacrónico.
La teta asustada, una mirada a una joven acosada por el miedo, maniatada por el trauma de la violación y anclada a la muerte, permite a Claudia Llosa retratar el mundo nativo del Perú post-Sendero luminoso. La realizadora se sirve de la presencia magnética de Magaly Solier, la actriz con la que debutó con su anterior largometraje, Madeinusa, para confiar en que la cámara se embriague con su presencia. Ganadora en el último festival de Berlín, a la vista de su propuesta se entiende por qué un jurado en el que se encontraba Isabel Coixet la ha respaldado. Porque cada plano aspira convertirse en el cartel del filme; porque cada localización compite con la anterior en exotismo y porque cada secuencia aspira a congelar el tiempo como un microcosmos de El Bosco.
Hay tanta hambre de estética y de lirismo que la prosa que articula su guión se antoja débil y caprichosa. Ahora bien, si el filme puede desesperar a los amantes del relato, acabará por seducir a los paladares de lo indigenista y lo reivindicativo. De hecho, Llosa alumbra instantes de emoción tan notable que reinventa el musical. “Ah, claro, es que Buñuel, era sordo” dirá alguno. En efecto. En el cine de Buñuel la música sonaba desde dentro, nacía dentro.

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