Christopher Stuckmann (Boston, 1988), filmó sus dos primeros largometrajes al comienzo del segundo milenio: «Phenomenon Field» (2003) y «The Woods» (2004). Eran dos experimentos «amateur» de un adolescente que proyectaba tanto entusiasmo como un sorprendente desparpajo.
Entre «La boda de mi mejor amiga» (2011) -no confundir con «La boda de mi mejor amigo» (2007), la de Julia Roberts-, y «La asistenta» (2025), ha sobrevenido un tsunami emocional que ha cambiado muchas cosas para que, atentos a la ley de Lampedusa manifestada en «El Gatopardo», todo siga igual al estilo de Julio Iglesias.
Para no andar con rodeos, conviene adelantar que la prosa de Kelly Reichardt (Miami, 1964) está más cerca de provocar sensaciones radicales al estilo de «El comediante» de Maurizio Cattelan, o sea el famoso plátano vendido por 6,2 millones de dólares, que de asomarse al serenísimo realismo helado de edificios y flores de Antonio López.








