En Roma no se apreciaba mucho a Odiseo, al que allí llamaban Ulises. La etimología de su nombre ya nos señala alguna pista: «el que provoca odio». Por otra parte, la lectura detenida de sus peripecias determina un mal diagnóstico.
Con alrededor de medio millón de habitantes en 2026, Omaha, la ciudad más próspera de Nebraska, la que a mediados del siglo XVIII era apodada la «Puerta del Oeste» porque por allí cruzaban todos los desesperados que creyeron en el sueño de la prosperidad, da título a un filme humilde, independiente y generoso de apenas 80 minutos.
Dentro de dos años se cumplirá el 90 aniversario de la realización de «Robín de los bosques» (The Adventures of Robin Hood) (1938) de Michael Curtiz. Ha pasado casi un siglo y las numerosas versiones que el cine ha dado del célebre rebelde que se alzó arco en ristre contra la tiranía de Juan sin Tierra, un usurpador déspota y miserable, hermano del Rey Ricardo Corazón de León, no han sabido ni podido acallar la jovial insolencia del personaje encarnado por Errol Flynn.
Los lazos sanguíneos que unen a Jaafar Jackson con Michael Jackson son tan singulares como lo fue la familia del autor de «Bad», donde la figura paterna asume el rostro de un ogro maltratador. La madre de Jaafar, la colombiana Alejandra Martínez, tras tener relación con Randy Jackson y alumbrar dos hijos con él, se casó con su cuñado, Jermaine Jackson; de esa relación nació Jaafar, quien cuando había cumplido trece años, vio morir a su tío Michael.
El título original de la película de Gus Van Sant hace referencia al rudimentario pero eficaz artilugio hecho de alambre y crueldad por el que un rehén anclado a una escopeta sabe que cualquier movimiento brusco acabará con su vida. Su relato es más una reconstrucción que un ensayo sobre el desesperado caso de Tony Kiritsis.






