Nuestra puntuación
4.0 out of 5.0 stars

Título Original: OMAHA Dirección: Cole Webley Guion: Robert Machoian Intérpretes:  John Magaro, Molly Belle Wright, Wyatt Solis, Talia Balsam y Christina Cooper  País:  EE.UU. 2025 Duración:  83 minutos

Viaje al infierno

Con alrededor de medio millón de habitantes en 2026, Omaha, la ciudad más próspera de Nebraska, la que a mediados del siglo XVIII era apodada la «Puerta del Oeste» porque por allí cruzaban todos los desesperados que creyeron en el sueño de la prosperidad, da título a un filme humilde, independiente y generoso de apenas 80 minutos. Menos de hora y media para desgranar una road movie protagonizada por un padre y sus dos hijos. Se diría una versión preapocalíptica de The Road de Cormac McCarthy. En ella, como en la distopía de McCarthy, acontece un viaje del que se desconoce todo, salvo la necesidad de permanecer en movimiento y la inmanencia de que algo terrible podría suceder en cualquier momento. De hecho, en sus primeros compases ya sabemos que algo está pasando; el desahucio de una vivienda, el destierro de una familia que sentimos rota porque la figura de la madre vive en la ausencia. De ella nos quedan recuerdos que, en tanto espectadores no conocemos, y huellas que su marido e hijos nos muestran: como una emotiva canción que hace más sólidos los lazos de esa familia a la deriva.

Como una cuestión de principios asumimos que ni Cole Webley como director, ni Robert Machoian como guionista, han querido ser explícitos. De hecho, durante muchos minutos, apenas sabemos algo. Intuimos una amenaza, un peligro nunca explicitado pero perennemente al acecho. Fuera del plano sabemos que agazapadas hay hienas esperando que la víctima dé su último aliento. Fuera de campo se presienten las sombras de buitres olisqueando el suspiro postrero.

Cole Webley almacena una larga experiencia como director de fotografía y como autor de cortometrajes y videoclips. Pero para llegar a Omaha, su primer largo, se hizo necesaria la complicidad entre él y el guionista (y también realizador), Robert Machoian. Fue el guion de Machoian quien impulsó a Webley a filmar una película de bajo presupuesto y alta sensibilidad.

Ubicada en los años de la crisis de 2008, en el tiempo de la promulgación de la llamada Safe Haven Law de Nebraska; la historia que acontece en unas circunstancias muy concretas, deviene por voluntad del director y del guionista en un contexto más universal, más abstracto. El del desmoronamiento de un padre, asfixiado por las deudas e incapaz de mantener a sus hijos.

Como broche y epitafio, al final de Omaha, Webley añade un texto recordando cómo un error en la promulgación de la citada Safe Haven Law de Nebraska, al no explicitar el límite de la edad máxima de los niños abandonados, propició que 34 niños mayores fueran entregados al Estado por sus progenitores. Así, la ciudad que vio nacer a Marlon Brando, Montgomery Clift, Nick Nolte, Fred Astaire, Alexander Payne y Malcolm X, fue testigo y cita para que un puñado de desesperados encontraran allí un resquicio legal para poder dejar a sus hijos sin consecuencias penales.

Sin embargo, a Webley y Machoian no les interesan tanto los hechos históricos como la relación íntima entre ese padre en ruinas, una hija preadolescente que comienza a saber que la vida es otra cosa, y un niño ajeno, obsesionado con sus coches de juguete, aferrado a su padre y a su hermana.

Como una cuenta atrás asistimos a un viaje iniciático que, al mismo tiempo, es una despedida. Etapa a etapa, habitación a habitación, Webley convierte en verdad lo que su escaso elenco lleva a cuestas. El padre, un actor experimentado, John Magaro (First Cow, 2019, Vidas pasadas, 2023 y The Mastermind, 2025, entre otras), se alía bien con Molly Belle Wright y Wyatt Solis. No hay duda ante lo que aparece en la pantalla: son los tres supervivientes de una familia en pleno naufragio. No interpretan, rehacen. Y en su brutal y desnuda falta de artificio, surge un testimonio incontestable sobre la inhumanidad de un sistema económico que no conoce la piedad ni, por lo tanto, la práctica.

Lo más impactante de Omaha acontece en lo que apenas se ve, en lo que se vislumbra entre líneas, como en la vida real. Pequeños gestos, graves miradas. Merece la pena recrearse con esta crónica desnuda sobre los desheredados. En Omaha, como en The Florida Project (2017) de Sean Baker, llegan señales del vertedero de Donald Trump y sus multimillonarios de ambición insaciable. Señales de que otro país es posible, de que otro cine se necesita.

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