Sebastián, un joven fascista que toca la trompeta en la banda de su pueblo, está emocionado porque espera, al estilo de «Bienvenido, Mister Marshall» la llegada de sus correligionarios en plena guerra civil.
Como la novela de Travis Braun de la que se alimenta, el argumento de «Una noche al año» se disfraza de política-ficción. Su contenido, su única idea, trepa sobre una loca hipótesis que nos recuerda hasta dónde podría llegar un gobierno ultraconservador, pseudodemocrático y amoral como el que Trump representa frente a una ciudadanía obediente y apática.
Escrita a diez manos, o sea con la participación de sus cuatro protagonistas junto al director, su guion ya denota y delata la naturaleza con la que ha nacido esta curiosa comedia neorromántica que tiene en la cantante Charli XCX su principal reclamo de salida. «Erupcja», palabra polaca que significa «erupción», dura poco más de una hora, brevedad agradable en tiempo de películas siempre alargadas, siempre excesivas.
Con la incomodidad que siempre emana del acto de ver un pecho femenino oprimido en un mamógrafo, empieza Aina Clotet un filme hecho con perfiles de hierro y plomo. Con la amenaza de un cáncer que no cesa, un alien que intimida con reproducirse, amanece esta extraña comedia; un drama de humor, de supervivencia y de egoísmo.
Me reconozco un «Sangsooalcoholic». Sus primeros títulos, allá por los 90 me parecieron buenos. Estos, los de los últimos 5 años, los encuentro, incluso, mejores. No busco salir de su influjo, no necesito escapar de su embrujo; esta adición no me destruye, aunque, como el filme que ahora nos ocupa, termine por dejar una desasosegante sensación de patético fracaso.






