Título Original: INURRI ITSUAK Dirección: Igor Legarreta Guion: Andoni de Carlos e Igor Legarreta a partir de la novela de Ramiro Pinilla Intérpretes: Urko Olazabal, Itziar Ituño, Josean Bengoetxea, Miren Gaztañaga y Carlos Santos País: España. 2026 Duración: 101 minutos
Hambre negra
Entre aquel «Tasio» (1984) y este «Inurri itsuak» (2026) el carbón como rastro de pobreza y símbolo de un hambre secular marca un anclaje de resonancias identitarias: de clase, de país, de cultura. El paisaje, en ambos casos, se sabe euskaldun. Si la obra iniciática de Armendáriz arrancaba en la posguerra, en este filme que consolida a Igor Legarreta como uno de los narradores actuales vascos más singular y coherente, la acción acontece en 1930. De carbón se manchan ambas películas ¿por casualidad? Que se lo pregunten al Olentzero, que se lo demanden a un pueblo que cuando soñaba alivios no lo hacía imaginando reyes magos sino a través de la llegada de un carbonero que alimentará el fuego del hogar.
Basada en la novela de Ramiro Pinilla, premio Nadal en 1960 con esta obra, una de las virtudes de la película es rescatar la figura de escritor bilbaíno de vida de ermitaño, de prosa de ácido y brasas. Difícil tarea que Legarreta ha resuelto con rigor y precisión, con austeridad y con un pulso extraordinario para captar lo atmosférico, lo orgánico, la existencia.
Estas ciegas hormigas se mueven en la oscuridad en busca de negro lignito para sobrevivir. Un negro sobre negro que da la vuelta a la divertida «Whisky a go-go» (1949), con la que Alexander Mackendrick, dio prestigio y gloria a los Estudios Ealing en la posguerra mundial. Aquí como allí, el encallamiento de un buque brinda a los desahuciados habitantes de la costa una oportunidad para alegrar su vida. Se saltan la ley para mejorar su supervivencia; roban carbón ajeno para salvaguardar vidas propias.
Acometida con un tono de clasicismo fordiano -tal vez sea Irlanda la corriente subterránea que une a Legarreta con el autor de «Las uvas de la ira»-, «Las ciegas hormigas» se revela como un filme inquietante, áspero y desazonador. No hay concesiones. Ramiro Pinilla no las hizo y Legarreta no le va en la zaga.
Todo en su filme interpela al público, nada se relaja. Sus personajes no sonríen, su destino no lo aconseja. Trabajan la tierra y luchan en el mar. Su protagonista es un patriarca de ayer en tiempos donde los patriarcas no se llevan. Y con él, Legarreta asume un riesgo extremo con alta delicadeza. Esculpidos en negro carbón, sus criaturas exudan un hálito poético y una solemnidad trágica. Con todo ello Legarreta nos recuerda que en Euskalherria el horizonte se hace diagonal, siempre pendiente de ser subida, siempre pendiente de desandar.
