Nuestra puntuación
4.0 out of 5.0 stars

Título Original: NAZA Dirección y guion: Yuval Abraham y Rachel Szor Intérpretes: cine documental con aportaciones anónimas País: Reino Unido. 2026  Duración:  81 minutos

¿Qué soy yo?

Casi al final del estremecedor testimonio que «Naza» nos arroja a la cara, un soldado israelí que oculta su rostro y su nombre, tras hablar de los nazis y expresar su maldad, se pregunta por sí mismo y por su responsabilidad ante los asesinatos de Gaza con un escalofriante «¿Qué soy yo?». Se trata de un suspiro retórico en una suma de testimonios de hielo y sangre. Se trata de la misma pregunta que nos hacen Yuval Abraham y Rachel Szor, directores de este documental impulsado por Jonathan Glazer, director de «La zona de interés» (2023). «Naza», nombre con el que se designa a las víctimas ajenas a Hamás, reúne el testimonio de un puñado de militares israelíes.

Apenas unos pocos porque son pocos los que se atreven a hablar -a escondidas porque se juegan la vida- sobre los protocolos bélicos de estos años de genocidio del pueblo de Palestina. Hablan sobre lo que hicieron y vieron y de sus palabras supura la impunidad de destruir objetivos a los que se les niega la condición de víctimas humanas. Narran sus atrocidades amparados en el deber de obediencia, en su condición de piezas de una maquinaria criminal, en su pertenencia a un pueblo cegado por la sed de venganza. Cualquier excusa sirve para banalizar la maldad y, cuando sobreviene la responsabilidad, el silencio es la respuesta.

Los autores de «No Other Land» no han vuelto a Israel tras presentar «Naza». Saben que se han convertido en enemigos del régimen de Netanyahu, en posibles objetivos para quien ya ha arrebatado más de 70.000 vidas inocentes. Su película representa la expresión en voz alta de todas las atrocidades posibles, al menos las que son capaces de verbalizar sin que el vómito les revuelva las tripas. Por eso «Naza» provoca asco y náuseas y por eso su visión duele más cuanto se sabe que su existencia no consigue paralizar nada. Al contrario, en el tiempo de postverdad y el negacionismo nada ni nadie escapa de estar bajo sospecha.

Hay mucha urgencia en este documental y en él se agradecen los inteligentes destellos de buena prosa cinematográfica. Sus autores no olvidan que un alto discurso debe sustentarse con buena gramática. Por eso apenas hay aire. En terrazas, con Tel Aviv de fondo, con relámpagos de las vidas íntimas que se adivinan en las ventanas, los soldados confiesan unos protocolos de vergüenza. En los hogares proliferan televisores encendidos, en muchos casos, con la cara de Netanyahu promulgando su cruzada asesina. Y entre los intersticios, sus autores introducen vestigios documentales, imágenes que enmudecen el alma repitiendo un eco que nos pregunta. «¿qué soy yo?

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