Entre el miedo y la belleza, entre la incertidumbre y el descubrimiento, avanza rotunda, solemne y hermosa una de esas películas que no admiten titubeos. Entre una representación de la llaga de Cristo que, a su vez, evoca el sexo femenino, y las voces seráficas de un coro de jóvenes adolescentes, se despliega la crónica de un despertar, ese tránsito que va de la infancia a la madurez, de sentir como una niña a desear como mujer.
Júlia de Paz Solvas (Barcelona, 1995) viene de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña) y eso se nota. En los últimos años, el gran cambio de la industria cinematográfica española se debe a dos cuestiones decisivas: la proliferación de mujeres directoras que escriben y desarrollan problemáticas que les resultan cercanas, íntimas y/o propias
Fátima ha cumplido 17 años, es la pequeña de tres hermanas y convivía con su familia de origen argelino en los suburbios de París. Fueron sus confesiones, las memorias de la protagonista de este relato que se centra en el despertar a la sexualidad de una joven musulmana en la sociedad francesa de hoy, la materia con la que Hafsia Herzi (Manosque, 1987) amasa para alumbrar «La hija pequeña».
En la primera imagen de Los domingos, aparece un crucifijo en penumbra. La luz viene y va e infiere, en el Cristo clavado, una sensación evanescente, trémula, casi fantasmal. En la última, una mujer (Patricia López Arnaiz), con los ojos vidriosos por lágrimas latentes, cierra la historia de una derrota: la suya.







