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Fatih Akin (Hamburgo, 1973) surgió como un director airado, feroz, inmisericorde. Jugaba bajo pabellón alemán, pero ponía en valor sus raíces turcas. Sus primeras películas chorreaban violencia. Debutó con «Corto y con filo», el relato de tres cachorros de arrabal, tres desarraigados en Alemania; Gabriel, Bobby y Costa, procedentes de Turquía, Serbia y Grecia. Eran hijos de dioses irreconciliables, pero les unía el caminar por el «wild side» de la vida.