Louis Delgrés fue un oficial francés mulato de ascendencia africana que dio su vida en la isla Guadalupe luchando por abolir la esclavitud. En 1802, en plena efervescencia napoleónica, la libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa se había olvidado de los hombres y mujeres de África contra los que se había dado la orden de restitución de la esclavitud.
De duración corta, apenas 90 minutos, esta historia se percibe larga, muy larga. Provoca ansiedad, agota, estresa, derrenga. Ver y oír a Souleymane a lo largo de 48 horas, las que preceden a su cita para que sea admitida su petición de exilio en París, deja muy claro el vía crucis que sufren los que llegan a nuestra Europa sin papeles, sin trabajo, sin… nada.
Cuando Coppola realizó «La ley de la calle» (1983) tras los destellos luminosos de «El
Padrino I y II» y «Apocalypse Now», el director norteamericano se asfixiaba en su
tiempo de naufragio. Su «Corazonada» se había estrellado y su experimento con
Wenders, «Hammett», habia acabado en medio de un estrépito de desavenencias y
desacuerdos.








