El 17 de agosto de 2017, Barcelona, Cataluña y España entraron en situación de alerta. Una camioneta había sembrado la muerte en Las Ramblas atropellando, abatiendo de manera literal, a decenas de paseantes que, en el sopor de la tarde, deambulaban por la céntrica vía barcelonesa.
La «heterosis» es el McGuffin -o sea, el pretexto- que sostiene el argumento de «Jim Queen». La heterosis, se nos dice, es un virus de origen desconocido que afecta al colectivo homosexual. Sus efectos inmediatos aparecen cuando los infectados comienzan a perder sus señas de identidad físicas y psicológicas.
Parafraseando al Víctor Jara que cantaba aquello de «La vida es eterna en cinco minutos», este filme de Paolo Virzì podría haberse titulado «La muerte es eterna en cinco segundos». Esos cinco segundos adquieren y desvelan, en la recta final del filme, la clave de todo su sentido. Sentido trágico, doloroso y comprometido.
Le faltan unas semanas para cumplir 89 años, pero su cine, esas películas que año a año con regularidad relojera ha ido construyendo, no lo aparentan. Autor de piezas que siguen fascinando a jóvenes espectadores y a cinéfilos veteranos como «Los duelistas», «Alien: el octavo pasajero», «Blade Runner», «Thelma y Louise», «Gladiator», «El reino de los cielos» y «El último duelo», entre casi 30 largometrajes, nadie diría que Scott está a un paso de convertirse en nonagenario.
Como la novela de Travis Braun de la que se alimenta, el argumento de «Una noche al año» se disfraza de política-ficción. Su contenido, su única idea, trepa sobre una loca hipótesis que nos recuerda hasta dónde podría llegar un gobierno ultraconservador, pseudodemocrático y amoral como el que Trump representa frente a una ciudadanía obediente y apática.
Escrita a diez manos, o sea con la participación de sus cuatro protagonistas junto al director, su guion ya denota y delata la naturaleza con la que ha nacido esta curiosa comedia neorromántica que tiene en la cantante Charli XCX su principal reclamo de salida. «Erupcja», palabra polaca que significa «erupción», dura poco más de una hora, brevedad agradable en tiempo de películas siempre alargadas, siempre excesivas.
«The West is the best», canta(ba) Jim Morrison en «The End» al frente de The Doors allá por el final de los 60. El rey lagarto lideraba entonces una apología feliz de la costa Oeste norteamericana. Un grito de libertad que acabó por impregnarse de un lúgubre sentido tras su presencia en la obra cumbre de Coppola: «Apocalypse Now» (1979), allí donde su «this is the end» resuena ahora con fúnebre solemnidad.
Probablemente nadie lo pensó, pero se da el hecho de que en castellano y en inglés, el título original de la segunda película larga de Huo Meng, en su primera palabra: Living/Vivir coincide con el título de dos obras magníficas, dos joyas del cine oriental: «Vivir».
«Vivir» fue el título entre nosotros de las películas de Akira Kurosawa de 1952 y Zhang Yimou de 1994.



