Cuentan sus directores, Luis Galindo y Ángel M. Chivite, que la semilla original de «El convento» mira a la realidad. A la que la leyenda reverbera a partir del que se dice fue el único juicio documentado de la Inquisición sobre culto al demonio por unas monjas religiosas.
En esencia, de lo que va «¡La novia!», de lo que se ocupa Maggie Gyllenhaal, directora y guionista de esta película, es de la resurrección de los insurrectos. Si se prefiere, cabría afirmar que el núcleo ardiente de «¡La novia!» muestra lo que se merece mostrar en tiempo de víctimas; busca encender, en la hora de la pesadilla, la llama(da) de los rebeldes con causa.
La gran mayoría conserva indeleble el recuerdo de Sally Hawkins en su frágil pero decidida heroína de «La forma del agua» (2017) de Guillermo del Toro. Tal vez, los gemelos Philippou, ex-youtubers australianos bregados en el sobresalto y el desasosiego, tuvieron presente esa vulnerabilidad para reforzar el extrañamiento que provoca el personaje que interpreta en «Devuélvemela».








