La «Academia» del cine italiano, o sea los profesionales del audiovisual, dictó, dictaron, una sentencia contundente e inapelable hace unos meses. Escogieron como mejor película italiana del último año a «Le cittá di pianura». No se limitaron a ello.
Con la incomodidad que siempre emana del acto de ver un pecho femenino oprimido en un mamógrafo, empieza Aina Clotet un filme hecho con perfiles de hierro y plomo. Con la amenaza de un cáncer que no cesa, un alien que intimida con reproducirse, amanece esta extraña comedia; un drama de humor, de supervivencia y de egoísmo.
A pesar de la llamada «paradoja nórdica», esa situación paradójica en donde conviven los más altos niveles de igualdad con alarmantes altas tasas de violencia de género contra las mujeres, es innegable que en Escandinavia se están imponiendo los prototipos convivenciales que imperarán en nuestro futuro inmediato
Hacia la mitad de la película, cuando el conflicto ya ha asomado en todo su esplendor, cuando los personajes de Berto Romero y Judit Martín subliman su negro futuro a golpe de amor, disparate y entusiasmo, sobre «Pizza Movies» sobrevuela sugerente y conmovedor el fantasma del Fernando Fernán Gómez de «La vida alrededor» (1959).
Como antes que cine fue teatro, los diálogos de «Lapönia» saben a caldo curtido. Dicho de otro modo, rebosa de palabras reposadas, bien texturadas. Un enófilo ocasional de catas dominicales, diría que el texto de «Lapönia» se ha enriquecido gracias a una oxigenación lenta y controlada a través de los poros, no ya de la madera de la barrica, sino de las tablas del escenario.






