Al menos tres películas recientes resuenan en «El ser querido», la obra con la que el equipo Sorogoyen-Peña pretende independizarse de la acción para bucear en la emoción. Se trata(ba) de decir adiós al «thriller» para dar buenos días al melodrama pero ¿es posible escapar de los instintos propios? «El ser querido» responde, sobre todo, a esta cuestión.
La moraleja final de «El coro de Praga» grita alto que no es verdad que la música amanse a las fieras, al menos no a las más depredadoras, a las llamadas racionales. Dicho esto, para no revelar más de lo que resulta prudente, abordaremos las turbulencias que inquietan y perturban a las jóvenes protagonistas de este inclasificable filme.
Louis Delgrés fue un oficial francés mulato de ascendencia africana que dio su vida en la isla Guadalupe luchando por abolir la esclavitud. En 1802, en plena efervescencia napoleónica, la libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa se había olvidado de los hombres y mujeres de África contra los que se había dado la orden de restitución de la esclavitud.
Probablemente nadie lo pensó, pero se da el hecho de que en castellano y en inglés, el título original de la segunda película larga de Huo Meng, en su primera palabra: Living/Vivir coincide con el título de dos obras magníficas, dos joyas del cine oriental: «Vivir».
«Vivir» fue el título entre nosotros de las películas de Akira Kurosawa de 1952 y Zhang Yimou de 1994.
Intentar seguir el rastro profesional de Miguel Ángel Jiménez (Madrid, 1979) a través de sus películas, arroja señales cuando menos confusas. ¿Qué se podría decir sobre la naturaleza de su identidad autoral a la vista de su irregular trayectoria? En 2018 estrenó «Y en cada lenteja un dios», un documental gastronómico, que el Festival de San Sebastián incorporó a su programa.






