Título Original: SBORMISTR Dirección y guion: Ondřej Provazník Intérpretes: Katerina Falbrová, Juraj Loj, Maya Kintera, Anna Linhartová, Lucie Zácková y Zuzana Sulajová País: República Checa. 2025 Duración: 106 minutos
El lobo feroz y las cabritillas
La moraleja final de «El coro de Praga» grita alto que no es verdad que la música amanse a las fieras, al menos no a las más depredadoras, a las llamadas racionales. Dicho esto, para no revelar más de lo que resulta prudente, abordaremos las turbulencias que inquietan y perturban a las jóvenes protagonistas de este inclasificable filme. Rodado parcialmente en los míticos estudios Barrandov de Praga, su acción transcurre cuando todavía se erguían desafiantes las llamadas «torres gemelas» de Nueva York, insinuando un guiño sobre su caída y el advenimiento del «Me Too».
Lo que Ondřej Provazník (Praga, 1978) relata se destapó en el 2004, pero los hechos que ilustra acontecieron en los 90. Tras una discreta carrera profesional atenta al cine documental, Ondřej Provazník culminó su primer largo de ficción y con él debutó en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. en 2025, cuando ya contaba con 47 años. Y por si alguien lo ha olvidado, la cita cinematográfica de Karlovy Vary nació casi al mismo tiempo que el festival de Venecia, el decano de los grandes festivales y permanece como referencia de una cinematografía llena de nombres ilustres.
Como corresponde a una tradición de tan regio abolengo, «El coro de Praga» ha sido filmada con factura de alto oficio. Sus jóvenes protagonistas en especial, aportan la ¿inocente? frescura que se les presupone y la dirección artística conjura imágenes atemporales de clasicismo y rigor que, de manera inevitable, nos traslada a un filme hermano: «La chica del coro» de Urška Djukić. Es curioso, que dos filmes, uno checo, como éste; otro eslavo, como el de la citada Urška Djukić, coincidan al mismo tiempo a través de dos películas habitadas por jóvenes adolescentes que cantan con voz seráfica en contextos que preludia cambios sociales y metamorfosis íntimas. Donde la eslava Djukić ponía geometría, simbolismo y surrealidad, el filme de Provazník deviene en denuncia e inquietud. Tal vez su deuda con hechos reales sea la culpable de que, pese a la belleza impecable, especialmente cuando se centra en los ensayos musicales, y la crueldad con sordina a la que se somete a las chicas del coro, resuenen truenos de artificio, comportamientos y actitudes simplemente abocetados y, a veces, carentes de lógica.
