´3.0 out of 5.0 stars
Título Original: EL LADRÓN DE PERROS Dirección y guion: Vinko Tomicic a partir de una historia de Samm Haillay Intérpretes: Alfredo Castro, Franklin Aro, Teresa Ruiz, María Luque y Julio César País: Bolivia. 2024 Duración: 90 minutos
El padre perdido
En tiempos donde algunos se cuestionan la identidad de cinematografías territoriales, la contemplación de «El ladrón de perros» proclama que hay cuestiones altamente resbaladizas. Vinko Tomicic, director chileno formado en Argentina, ha escrito y dirigido un filme coproducido por varios países latinoamericanos, por Francia y por Italia. Sin embargo, la procedencia de esta película gestada a lo largo de diez años se impone a gritos. No hay resquicio entre plano y plano que no muestre su ADN boliviano, un cine pobre lleno de humanidad. Filmado en La Paz, sus más de 3.000 metros de altitud parecen ahogar a sus protagonistas. Sobre todo a Martín, un adolescente huérfano de madre, que no ha conocido a su padre, aunque cree saber quién es y tratará de acercársele pese a lo que pese.
«El ladrón de perros» muestra, al viejo estilo neorrealista -una forma de dirigir emanada de las ruinas de la Italia superviviente de la segunda guerra mundial- la búsqueda de un padre; una odisea ajena al brillo del Oscar, pero en cuya esencia se agitan todos los demonios de la tragedia humana.
Vinko Tomicic abre su relato con la dificultad de Martín (Franklin Aro) para vocalizar con un lápiz entre los dientes. Con pinceladas expresionistas que provienen de la tradición del cine latinoamericano hecho de ausencia de impostura, secuencia a secuencia se nos describe el contexto de un buscavidas que podría descender del infierno habitado por la Lady Tabares de «La vendedora de rosas» (1998). Martín estudia secundaria, se gana la vida como «lustrabotas» y duerme a hurtadillas como un fugitivo en casa ajena acogido por una vieja amiga de su madre.
Alegal en un escenario de alegales, gravita sobre su cabeza la precariedad de una situación límite. Su esperanza cobra vida con la aparición de un sastre, un viejo conocido para el que trabajó su madre, y de quien, la necesidad obliga, comienza a creer que pudo ser su padre biológico. El triángulo se cierra con el perro del sastre convertido en paradigma de un encuentro tal vez imposible, pero sin duda poco a poco cautivador gracias a la frescura del joven Franklin Aro y el aplomo de Alfredo Castro, veterano actor chileno habitual del cine de Pablo Larraín. Bien dirigidos por un Tomicic que, de vez en cuando, compone planos de simetría y belleza como contrapunto a tanta realidad de pobreza e inmediatez.
