Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: CINQUE SECONDI Dirección: Paolo Virzì Guion: Francesco Bruni, Carlo Virzì, Paolo Virzì Intérpretes: Valerio Mastandrea, Galatéa Bellugi, Valeria Bruni Tedeschi, Ilaria Spada y Francesco Dominedò País: Italia. 2025 Duración:  105 minutos

La vida es eterna

Parafraseando al Víctor Jara que cantaba aquello de «La vida es eterna en cinco minutos», este filme de Paolo Virzì podría haberse titulado «La muerte es eterna en cinco segundos». Esos cinco segundos adquieren y desvelan, en la recta final del filme, la clave de todo su sentido. Sentido trágico, doloroso y comprometido. Sentido que nos interpela toda vez que se/nos enfrenta a un dilema moral para el que no hay sordinas cuando se aborda desde la subjetividad. Ese núcleo argumental convierte a la película de Paolo Virzì en un relato estremecedor. Cuando al final se nos hace saber qué implican, qué representan esos cinco segundos, el filme se adentra en «otra dimensión».

El problema reside en que ante tanto desgarro como palpita en su seno, los guionistas, entre los que también estaba el citado director, sienten dudas de quedarse en esa «otra dimensión» y prefieren abrazarse a circunloquios almibarados. Buscan en simetrías y retruécanos el parachoques que suavice lo que arde en la desesperación de su protagonista. O sea, trata de introducir esperanza en una situación sin retorno. Por más que se perciba que en la construcción del guion esos adornos buscan cerrar un círculo y con él, un sentido, esa mirada nunca alcanza el fuego que habita en «Cinco segundos».

Ese círculo narrativo gira alrededor de un abogado de altos vuelos atravesado por una crisis existencial. Virzì no nos desvela de entrada los motivos de tanto abatimiento, de esa desganada misantropía mostrada quizás con artificio hiperbólico. El director prefiere que el público vaya construyendo pieza a pieza ese puzzle de culpa y dolor que habita en su núcleo duro. Y para ello, secuencia a secuencia Virzì abre pasos, deja pistas en lo que avanza como un proceso dialéctico. A un lado, la oscuridad; el duelo de su protagonista, las llamadas a un juicio donde él es el acusado. Al otro, lo luminoso, las banales correrías de un grupo de neohippies empeñados en reflotar un viñedo abandonado.

En esa familia atípica, lleva la voz cantante la nieta del conde que una vez fue propietario de todo el terreno. Está embarazada y lo que Virzì busca es cubrir el vacío de una ausencia con la noticia de un nacimiento. Mucho andamiaje para un relato que reclama emoción sin maquillaje y al que le sobran los excesos de la segunda trama por más que en ella también destellan algunos fuegos intensos.

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