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2.0 out of 5.0 stars

Título Original: EL CONVENTO Dirección: Luis Galindo y Ángel M. Chivite  Guion:  Jesús Córdoba Acarretas Intérpretes:  Ana Álvarez, María Mercado, Nahia Bergasa, Mentxu Vicente y Vanesa Baldonado País:  España. 2025  Duración:  99 minutos

Santa maléfica

Cuentan sus directores, Luis Galindo y Ángel M. Chivite, que la semilla original de «El convento» mira a la realidad. A la que la leyenda reverbera a partir del que se dice fue el único juicio documentado de la Inquisición sobre culto al demonio por unas monjas religiosas. Los hechos tuvieron lugar en el siglo XVIII, en el convento de Nuestra Señora de Araceli de Corella. La aparición de restos y esqueletos de bebés en el huerto de las hermanas alimentó la sospecha sobre el comportamiento y actitud de las posteriormente (re)conocidas como las «monjas satánicas de Corella», un grupo de pobres desgraciadas que fueron sometidas a torturas que provocaron la muerte de la fundadora y priora y el destierro del resto de hermanas encausadas. Hasta aquí, el punto de partida. Ante él, cabían muchas posibilidades, muchas hipótesis, infinitas maneras de abordar unas sospechas enturbiadas por la ignorancia y el miedo inherentes de la época.

Autores escandinavos como Dreyer y Christensen alumbraron piezas magistrales sobre el tema en los años previos al infierno de la segunda guerra mundial. La insania de Trump, la ambición de sus secuaces y la cobardía del mundo, alimentan de nuevo el miedo al futuro y con esta historia, con los restos de aquel naufragio, cabía ahondar en la indefensión de la mujer en días de ira, ensayar una crónica histórica para exponer los hechos y sus circunstancias o asumir el delirio del alto tribunal eclesiástico. El guionista y sus dos directores han optado por certificar visualmente las sospechas de la Inquisición en las antípodas de la imaginería con la que Goya supo sublimar el horror haciendo de lo grotesco un grito de libertad.

En «El convento», durante muchos minutos, salvo por el rasguño de feria de una monja enloquecida, prima la contención, la mirada observante y descriptiva protagonizada por dos jóvenes novicias, lo mejor del filme, de actitudes enfrentadas. Una cree, la otra busca sobrevivir. Una ha sido abducida por la mística de sangre y bondad. La otra, espera aprender lo necesario para volar por su cuenta. Ese proceso dialéctico, que por sí mismo podría haber deparado un intenso y fructífero viaje al corazón del siglo de las luces y la ilustración, alberga en sus sombras, si hay luz hay tinieblas, un material narrativo muy sugerente.

Como en el viejo chiste, Galindo y Chivite parecen dudar sobre el objetivo de su película, tragan con la letra impresa del guion y desaprovechan la ocasión de haber forjado una pieza estremecedora. Dicho de otro modo, se les escapa el alto poder sugerente que se encierra en ese convento de Corella.

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