Título Original: L´AFFAIRE BOJARSKI Dirección: Jean-Paul Salomé Guion: Bastien Daret, Jean-Paul Salomé y Delphine Gleize. Idea: Marie-Pierre Huster Intérpretes: Reda Kateb, Sara Giraudeau, Bastien Bouillon, Pierre Lottin y Camille Japy País: Francia. 2025 Duración: 127 minutos
El arte oscuro
Como tantas veces acontece en un relato cinematográfico, en el propio filme se nos recuerda que la historia está basada en hechos que han sucedido. Se trata de un aviso ambiguo que nunca se acaba de entender por qué se hace ni qué grado de fidelidad sostendrá con respecto a su supuesto vínculo con lo real. En la adaptación de las andanzas de Bojarski, un exiliado polaco que encontró acomodo en la Francia ocupada por los nazis, lo que se nos cuenta (con)cede el verosímil a una realización de vocación folletinesca.
La acción y el movimiento se imponen al mundo interior y al desarrollo dramático psicológico. Todo se resuelve con colores planos y mobiliario de anticuario, un poco al estilo de la llamada línea clara del «Black and Mortimer» de Edgar P. Jacobs. Bajo esa óptica, con ese acabado, lo que «Una copia perfecta» desarrolla se ajusta a las dos décadas largas de acción delictiva del citado Bojarski, un excelente grabador que se dedicó a falsificar los billetes del banco de Francia.
Como si Jean-Paul Salomé se hubiera contagiado con los aromas de la época, de la posguerra del estraperlo a la capital de la modernidad, su paleta cromática, su estética y su estilo se llena de reverberaciones del cine francés polar de vocación familiar. Salomé se disfraza de Melville y Chabrol y hace de su artista delincuente una suerte de paradigma del emigrante que nunca termina de ser un transterrado. El auténtico Bojarski, un falsificador que tuvo en jaque a la policía durante años, deviene en modelo de un artista, un creador al que su condición de extranjero le lleva a surfear por la muga de la ley.
En su desarrollo, Jean-Paul Salomé se engancha a la línea ligera de aventuras a lo Arsenio Lupin con policías que se asoman por las ventanas y «panteras rosas» que se ocultan en agujeros del suelo. «La copia perfecta» abunda en el proceso dialéctico entre el buen ladrón y el comprensivo comisario encargado de detenerlo. Dos piezas de un mismo juego condenadas a bailar juntas. Si no se chequean los créditos, se podría decir que «La copia perfecta» fue filmada hace décadas, en tiempo cercano al que acontecen los hechos narrados. Su factura técnica se ajusta a sus pretensiones, los actores no desafinan en absoluto y los escenarios se sienten auténticos. En los segundos finales, cuando Salomé inserta las imágenes que el propio y real Bojarski se filmó de sí mismo, se lamenta y se intuye que el verdadero enigma de Bojarski, aquí no se ha resuelto.
