Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: PALESTINA 36 Dirección y guion: Annemarie Jacir Intérpretes:  Yasmine Al Massri, Karim Anaya, Robert Aramay, Hiam Abbass, Liam Cunningham  y Jeremy Irons  País: Palestina. 2025 Duración:  119 minutos

En el comienzo

Mientras el alevoso exterminio de Netanyahu (y Trump) continúa día tras día con el asesinato de más y más palestinos, surgen, a cuentagotas, con actitud resiliente y desde los arrabales de un país en ruinas, crónicas cinematográficas como esta  canónica recreación del origen de tanto horror.

«Palestina 36» ha sido escrita y dirigida por  Annemarie Jacir (Belén, 1975), la primera mujer palestina directora de cine que en 2008 estrenó «La sal de este mar». Escritora y poeta, además de guionista, directora y cofundadora de la productora Philistine Films, Annemarie Jacir vive desde entonces en Jordania  porque las «autoridades» israelíes, tras su primera película, le prohibió volver a su hogar en Cisjordania.  Pese a ser una persona represaliada por Israel, el dedo de Annemarie Jacir, en esta película, se dirige hacia el imperio británico como piedra angular, origen y causa del lento e inexorable genocidio de su etnia.

Meses antes de que España viviera el desgarro criminal del golpe franquista ante la tibieza cómplice de Gran Bretaña, Palestina, la vieja «Philistia», así bautizada por el emperador hispano, Adriano, harto del desgaste judío, se abría en canal para dar cobijo a los judíos que pocos años después sufrirían el macabro holocausto que «legitimaría» la ocupación de Israel. Sin confundir a los filisteos con los palestinos, salvo porque ambos pueblos habitaron la misma tierra deseada por Judea, parece evidente que quien mora en esa zona, sin pertenecer al pueblo escogido, se enfrenta de modo indubitado a la madre de todas las plagas.  Así lo recogen las Antiguas Escrituras y así lo sufren desde 1936 los palestinos. Pero si los filisteos robaron el Arca de la Alianza antes de afrontar la ira del tetragrámaton de la estrella flamígera, el pecado de los palestinos  emana de su condición de ex-territorio otomano bajo el mandato militar de Gran Bretaña.

«Palestina 36» comparte las mismas raíces que sostienen «Todo lo que fuimos» de Dabis. Su testimonio evita la hipérbole sobre una realidad hiperbólica. Jacir asume un ejercicio de templanza que intenta poner serenidad a una situación de extrema urgencia. Tampoco evita mostrar las responsabilidades de clase,  ni las componendas y «traiciones» dentro del pueblo palestino. El conjunto se mueve entre la corrección formal  y  la ilustración rigurosa de una obra épica y coral  que rebaja el horror para hacer relato y para poder ser asimilada.

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