Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: LAS CORRIENTES Dirección y guion: Milagros Mumenthaler  Intérpretes:  Isabel Aimé Gonzalez Sola,  Esteban Bigliardi, Jazmín Carballo y Claudia Sánchez  País:  Argentina. 2025  Duración:  104 minutos

La (in)felicidad

Si despejamos las incógnitas que en «Las corrientes» nunca se aclara(rá)n del todo, la estructura argumental del filme de Mumenthaler se saben reflejo-espejo del «¡Qué bello es vivir!», el filme que Frank Capra rodó hace ya 80 años. Aquí como allí, todo gira en torno a un potencial suicidio, por ahogamiento. Los motivos, ¿quién puede mensurar las razones de quienes se acaban suicidando?, empiezan y terminan en la insoportabilidad de la existencia; se estremecen en la desesperación, en la angustia y en el cansancio. Ese silencio estruendoso de «El grito» de Munch, enunciado sobre un puente, encadena «Las corrientes» con «It’s a Wonderful Life». Ahí empieza y acaba todo.

En la tercera película larga de la autora de «Abrir puertas y ventanas» (2011) y «La idea de un lago» (2016), no hay un ángel bondadoso necesitado de ganarse las alas del cielo. Tampoco hay un espacio exterior que sostenga la desolación que muerde desde adentro. Solo hay hastío, desvaríos y extrañamiento. Milagros Mumenthaler (Argentina, 1977) no explica a su protagonista, no la describe. Deja que sea el propio devenir, con idas y venidas, con remolinos y misterios, el que aporte al público los fragmentos mínimos para recomponer su rastro. Conjuga la sorpresa con el suspense. Nos muestra a una joven mujer empresaria galardonada por su éxito. Se evidencia que ha escalado una cumbre y que en ella nada ha encontrado. De hecho, el filme oscila entre el abismo donde se cruzan las aguas serenas del Ródano con las fangosas negras aguas del Arve en Ginebra y la cumbre iluminada y deslumbrante del faro del Palacio Barolo de Buenos Aires. Ver sin ver. Arriba, abajo. Como dientes de una sierra de óxido y hueso asistimos al naufragio de una mujer desclasada. Como profesional está en lo más alto, comparte la vida con un marido adinerado y blando. Le sonríe la vida, pero le llora el alma. Su hija la adora y ella necesita tanto, como tanto le pesa el orden de una madre a la que lleva años sin ver. Le convoca su pasado. Su viaje ha sido rápido. El opuesto del que hacía el personaje de James Stewart en la película de Capra. Allí, George Bailey había renunciado a sus sueños por atender a sus seres queridos. Aquí Lina, ha logrado sus deseos, se ha convertido en lo que no es. De hecho, posee dos nombres, Carol para unos, Lina para otros. Pero ella, ¿quién es? ¿cómo soluciona su angustia existencial? La respuesta, con oscuridades, caprichos argumentales y ofuscamientos, inflama «Las corrientes» de una directora que, siguiendo a Lucrecia Martell, trata de hacer cine argentino, con una mirada femenina para un nuevo tiempo.

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