Si despejamos las incógnitas que en «Las corrientes» nunca se aclara(rá)n del todo, la estructura argumental del filme de Mumenthaler se saben reflejo-espejo del «¡Qué bello es vivir!», el filme que Frank Capra rodó hace ya 80 años.
En «Historia de los dos reyes y los dos laberintos» Jorge Luis Borges confrontaba el dédalo hecho por el hombre: un constructo de piedra y/o vegetación de altas paredes levantadas para provocar la confusión de quien es allí introducido; con el desierto, una extensión casi infinita de arena y sol líricamente conocida como el laberinto de Dios.
A pesar de la llamada «paradoja nórdica», esa situación paradójica en donde conviven los más altos niveles de igualdad con alarmantes altas tasas de violencia de género contra las mujeres, es innegable que en Escandinavia se están imponiendo los prototipos convivenciales que imperarán en nuestro futuro inmediato
Algunas veces hay cortometrajes cuya feliz repercusión enciende la necesidad de que deberían crecer. Ese salto, convertir una historia condensada en unos pocos minutos en un filme de casi dos horas, es tentación envenenada. Ni es fácil ni siempre se consigue lo que se pretende: sublimar la calidad e interés de lo que nació como esencia pequeña.







