Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: DEN SIDSTE VIKING Dirección y guion: Anders Thomas Jensen Intérpretes: Mads Mikkelsen, Nikolaj Lie Kaas, Søren Malling, Sofie Gråbøl, Nicolas Bro y Bodil Jørgensen País:  Dinamarca. 2025 Duración: 116 minutos

El viaje de los locos

Anders Thomas Jensen (Frederiksværk, Dinamarca, 1972) apareció en el panorama internacional hace 27 años. Le bastaron once minutos. Su cortometraje titulado «Noche de elecciones» ganó el Oscar de 1999. Tenía entonces 27 años y parecía destinado a fortalecer la estirpe de un grupo de cineastas escandinavos que, bajo el pretexto de «Dogma», decidió devolver a su país la relevancia que históricamente siempre había tenido. Hoy, casi nadie recuerda que Anders Thomas Jensen fue coguionista junto a Lars von Trier de «Anticristo» (2009), su filme más cruel, más paranoico, más desesperado; ni que el director y guionista que a finales del siglo XX iba de éxito en éxito con sus cortometrajes, ha permanecido buena parte de este tiempo en las sombras de un segundo plano. En lugar de convertirse en ese narrador que prometía ser singular y único, dedicó buena parte de su tiempo a ser el guionista de los demás. Así, Søren Kragh-Jacobsen, Lone Scherfig, Kristian Levring y Susanne Bier, entre otros, han sabido de sus textos.
«El último vikingo», su sexto largometraje como director, representa una sorpresa a este respecto. Sorpresa porque con él nos reencontramos con el Jensen director y guionista al frente de un filme desafiantemente arrebatado, decididamente incorrecto y abiertamente estrafalario. Ese «último vikingo», encarnado por el siempre ponderado Mads Mikkelsen, nos invita a un periplo abracadabrante en compañía de una banda de locos. Y como suele ser habitual en las entrañas del cine escandinavo, su contexto argumental bebe de las retorcidas raíces de la familia. En consecuencia, sabe de los lazos de sangre y de los monstruos cultivados por la violencia paternal. Dicho de otro modo, se nos recuerda que los pecados de los progenitores siempre enturbian los ojos de sus hijos.
En su receta para recordar que Anders Thomas Jensen fue un joven prodigio, el director y guionista dialoga con su primer largometraje, «Flickering Lights» (2000). Llamó en su ayuda a parte de aquel reparto: los Nikolaj Lie Kaas, Sofie Gråbøl y Mads Mikkelsen e incluso rescató al Nicolas Bro fugazmente presente en el oscarizado «Noche de elecciones». Con todos ellos, convocó a sus fantasmas habituales puestos al servicio de un personaje ensimismado, un verso libre desequilibrado e introvertido, que sueña con ser el último mohicano de la cultura vikinga. Su enajenación le lleva a creerse el postrero descendiente de una raza de guerreros en un tiempo presente marcado por el desarraigo.
Jensen ha mezclado géneros, su relato va del thriller de humor oscuro al drama familiar, de la road movie iconoclasta a los excesos de Tarantino, del delirio de Kaurismaki al hielo cruel de von Trier.
Pero, por más referencias que queramos aportar para ubicar cartográficamente la naturaleza de «El último vikingo», todo se disuelve frente al hecho de que si con algo dialoga esta película es con el universo del propio director. En algún modo, «El último vikingo» representa un retorno a sus orígenes, un deseo de volver a comenzar, aunque, como declaraba en Venecia el propio Anders Thomas Jensen, hoy vive en clave más oscura, más desencantado a consecuencia de lo que se ha vivido y conocido.
La historia se complica lo justo. Versa sobre tres hermanos supervivientes de un temible cuento de hadas infantil. El mayor, acaba de salir de la cárcel como consecuencia de un atraco cuyo botín permanece escondido por el hermano pequeño, cuyas facultades mentales hacen difícil establecer un diálogo coherente. El triángulo familiar se cierra con una hermana que guarda silencio. El motor no es otro que la búsqueda del tesoro enterrado y la huida de la amenaza de un compinche que reclama su dinero. Un viaje hacia el hogar de su niñez y un retorno a un mundo olvidado que, junto al dinero del atraco, esconde también el secreto de un drama sobre cuyos devastadores efectos se cimenta esa relación tan errática. Con guiños a Abba y los Beatles, con un contrapunto musical y con personajes salidos del esperpento, «El último vikingo» ofrece un filme áspero e incómodo, grotesco e irónico. Ante él, no resulta fácil permanecer impasible. Su «falta de sentido» encierra un feroz diagnóstico sobre las relaciones humanas. Atrapa y mucho si se es partícipe de su sentido del humor. Tanto, como desconcierta hasta la deserción, si no se es cómplice de las disparatadas aventuras de ese grupo de chiflados.

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