Título Original: CRONOS Dirección: Fernando González Molina Guion: Alberto Marini Intérpretes: Enric Auquer, Diana Gómez, Xavi Sáez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde y José Pérez Ocaña País: España. 2026 Duración: 118 minutos
La caza
El 17 de agosto de 2017, Barcelona, Cataluña y España entraron en situación de alerta. Una camioneta había sembrado la muerte en Las Ramblas atropellando, abatiendo de manera literal, a decenas de paseantes que, en el sopor de la tarde, deambulaban por la céntrica vía barcelonesa. Durante los tres días siguientes se puso en marcha una compleja operación policial para «cazar» a los terroristas. Fueron tres días de alta tensión y pánico intenso en los que afloraron todos los fantasmas de nuestra debilidad social. Días extraños en un tiempo estival que puso a prueba las fricciones políticas y los espantos atávicos. El juego sucio del terrorismo y la derrama de sangre inocente abrió una herida por la que ahora mismo sigue manando lo peor de nosotros mismos. Cuestiones inherentes al trágico suceso, como el nacionalismo y la xenofobia, el odio y la profesionalidad de los cuerpos policiales, dibujan un terreno muy difícil de cartografiar.
Lo que Fernando González Molina, director, ha llevado a cabo, con el guion de Alberto Marini, se ha convertido ya en material de controversia y emoción, en testimonio de recuperación de memoria y en ejercicio de ese cine de acción «a la española» al estilo de «La infiltrada» (2024) y «Un fantasma en la batalla» (2025). Como en las referencias citadas, lo real nutre su sustento narrativo. La cuestión más definitoria es posicionarse desde dónde se va a contar lo acontecido. Entre los diferentes puntos de vista: el de los terroristas islámicos, el de las víctimas anónimas, el de los políticos y sus intereses, el de la geopolítica y/o el de las diferentes policías, sus rivalidades y sus celos; «Cronos» opta abiertamente por este último.
El guion de Alberto Marini muestra sus cartas desde el mismo inicio. Su película se centra en el cuerpo policial dirigido por Trapero, el que poco después resultaría clave en la proclamación de la independencia por Carles Puigdemont. Su partitura busca reconstruir, minuto a minuto, una cronología. En el haber de González Molina se apunta que lo hace sin rendirse a lo escópico y que aplica un nervioso barniz de verosimilitud a su retrato de los «Mossos d’Esquadra».
«Cronos» fue el nombre de la operación de los Mossos bajo la que se trató de poner orden en el caos y, sobre todo, desarticular el comando islámico terrorista. Bajo la advocación al padre de Zeus, Cronos, González Molina diseña su película como una carrera contra el tiempo. Su filme se sabe cine-ritmo, crónica coral que busca mostrar las diferentes sensibilidades, los pequeños heroísmos y los incontrolables miedos. Que avance al galope no significa que González Molina no tenga el cuidado de dejar en los intersticios algunos detalles de estilo, señales de voluntad de autor que permiten entrever que, más allá de lo literal, en esas alocadas horas, se agitaba un mar encrespado, una realidad compleja e inestable dibujada con grises que buscan mitigar el maniqueísmo de buenos y malos.
Hoy, cuando el panorama político catalán se ve mediatizado por la insania de Aliança Catalana, conviene recordar que este partido independentista de extrema derecha fue fundado en Ripoll tres años después de los hechos aquí narrados. En Ripoll fueron abatidos la mayor parte de los integrantes del comando terrorista y en Ripoll habían crecido.
El primer impacto que provoca el filme de González Molina nos interpela con un «¿dónde estabas entonces tú cuando todo esto aconteció?». Ese contraponer el recuerdo difuminado con la pormenorizada recreación de los hechos tiene en Enric Auquer, el actor que interpreta a uno de los oficiales, el mejor exponente de los mejores logros y más groseros desfallecimientos de «Cronos».
Enric Auquer representa la negación del policía arquetípico de Hollywood. Su rostro se estremece con la duda y en su interpretación se percibe la sensación de que detrás de «Cronos» duermen demasiados silencios. Entre la reflexión y la acción, el director se abraza a esto último. De ahí el uso competente de drones, movimientos de cámara y ritmo. En el debe, sentir que apenas vemos los rostros congelados de los terroristas y que, más allá de ilustrar el horror de unos hechos, González Molina nunca se abisma en las raíces del odio. Ese odio que no cesa. El que hoy llena las calles con el veneno de lo inhumano.
