Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: FORASTERA Dirección y guion: Lucía Aleñar Iglesias Intérpretes: Zoe Stein, Lluís Homar, Nuria Prims, Martina García y Nonni Ardal  País: España. 2025  Duración:  97 minutos

Duelo y  despojo

Cinco años antes de rodar este «Forastera», su autora, Lucía Aleñar Iglesias (Madrid, 1993) ya había dado forma a la misma cuestión del duelo, a la idea de cómo una ausencia crea presencia, en un cortometraje homónimo del que parte su primer largo acogido entre algodones en festivales como Toronto y la Seminci de Valladolid. De aquel corto de 2020 ha crecido este filme hermoso y denso, ensimismado y complejo, atravesado por una sutil puesta en escena que tiene en su protagonista, Zoe Stein, la demiurga precisa para transmitir una singular poética hecha de adolescencia e intimismo. Esto es, los comportamientos que Lucía Aleñar muestra, se ven solemnizados en un proceso litúrgico que gira en torno a un concepto, a una condición: ser forastera.

Esa palabra de raíz catalana, que designa al que viene de fuera, al que está más allá del quicio de la puerta, cobra un especial sentido en la historia de Catalina cuyo nombre, la inmaculada, la que no tiene mancha, le ha sido dado por Lucía Aleñar con evidente intencionalidad. Catalina (Zoe Stein) está pasando el verano en Mallorca en compañía de sus abuelos que viven allí y de su hermana. La complicidad que establece con sus abuelos cobra un especial interés con la progresiva identificación que Catalina comienza a proyectar con respecto a su abuela. Gesto a gesto, Catalina asume la identidad de su abuela, sus ropas, sus saberes, sus quereres. Catalina no llora cuando su abuela fallece, no derrama lágrimas, su luto es seco, su duelo conlleva una sensación de permanencia.

Lucía Aleñar incide en un imaginario que muchas directoras españolas han ido conformando en estos últimos años. Lo cotidiano, la familia, cierta ruralidad, la mirada femenina y la adolescencia, son arcanos de un imaginario que está reescribiendo una manera de contar, audiovisualmente hablando, distinta. Una poética identificable e identificadora del cine español del siglo XXI que encuentra en «Forastera» una pieza singular. «Forastera» se adentra precisamente en el territorio de la identidad, el del (auto)reconocimiento. Su Catalina, que transita por ese paso turbulento que abandona la niñez para abrazar la edad adulta, sabe de lo que no es tangible, de lo que se percibe pero no se palpa, de lo que está sin estar.

Catalina recorre un mundo de presencias evanescentes, de fantasmas sin cadenas, de vacíos irreemplazables. Las lenguas se usan como vehículos de pensamiento e impostura y el empoderamiento emerge como signo de afirmación, lo que conforma un filme cuya lentitud se transforma en vértigo cuando, al acabar la película, se recuerda todo lo sentido y presentido.

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