Hace diez años Yeon Sang-ho dio un golpe de autoridad en el agitado y emergente panorama del cine de Corea del Sur. Digamos que hablamos de una cinematografía que, desde la última década del siglo pasado, desde que la parte de la península coreana no sujeta a la mordaza de acero asumió un proceso democrático liberado a la tutela militar, se ha situado en la cabeza del interés cinematográfico mundial.

Aunque algunas personas huyen del cine fantástico y consideran el terror como un territorio solo visitable por raros, cinéfagos y freakies, le es dado al cine que transita por esa senda adentrarse allí donde solo pueden hacerlo las obras que no temen perderse.

Maud, un término de origen irlandés que viene a significar algo así como “doncella valiente en la batalla” es el nombre de la protagonista de este extraño relato lleno de excelentes referencias y víctima de una discreta carrera comercial,  porque lo comercial no es su carrera.

Del “Expediente Warren” a “Insidious”, el cine del presente parece sensible a rescatar la tradición de las casas encantadas. La lista es larga y la calidad no es escasa. Incluso el cine español, históricamente tan refractario a lo fantástico, ha dado a lo largo del siglo XXI síntomas de una vitalidad inédita.

La secuencia que abre “Madre oscura”, un susto de catálogo con descenso a un tenebroso sótano de una joven que incumple todos los protocolos del sentido común, se cierra en falso. Tras los créditos comienza algo que aconteció cinco días antes de lo visto.

En “Underwater” se abrazan dos trayectorias en aparente descenso, dos profesionales que al unirse en este filme en lugar de sublimar sus virtudes se han abrochado a sus defectos. Uno lleva el bastón del mando, es el director de “Love” (2011) y de “La señal” (2014), William Eubank.

A Stephen King no le gustó nunca lo que Stanley Kubrick hizo con “El resplandor”(1977). Para el escritor, el cineasta era de hielo y su adaptación carecía de alma. Lo cierto es que Kubrick se apropió de la novela y borró el ADN de su progenitor. Abordó su filme, fiel a su gélida geometría. Elevó el cine de terror a la categoría de cine de culto. Algo insólito para un público que hace ascos a la fantasía.

Mes tras mes, durante casi un año, “Ghostland” se ha visto empujada fuera de las previsiones de los estrenos. Anunciada para ser presentada hace tiempo, ese continuo desplazamiento arroja luces sobre la falta de sensibilidad y los prejuicios que acompañan siempre a las obras que se adentran en el terreno del horror.