Cuentan sus directores, Luis Galindo y Ángel M. Chivite, que la semilla original de «El convento» mira a la realidad. A la que la leyenda reverbera a partir del que se dice fue el único juicio documentado de la Inquisición sobre culto al demonio por unas monjas religiosas.
Ambientada en el primer tercio del siglo XVIII, cuando el absolutismo de las coronas europeas no conocía más límite que el de la decadencia y la podredumbre de la corte que custodiaba al monarca, «La tierra prometida» ahonda en la resbaladiza complejidad de eso que conocemos como la cuestión humana.




