Brad Bird merece ser reconocido como el principal lugarteniente de Pixar. A estas alturas de la historia del prestigioso sello, Bird merece el honor de ocupar la segunda plaza, justo al lado de John Lasseter. Al creador de Pixar se le reconoce como el hombre de hierro de una productora que ha revolucionado el mundo de la animación.

Con Keanu Reeves empieza “Siberia”; con Keanu Reeves termina. Del primero al último plano todo debe reverencia al protagonista de “Matrix”. Aquel Neo encarna aquí a un norteamericano traficante de diamantes en la Rusia actual.

En la trayectoria de Soderbergh hay un punto vertebral en el cambio del siglo XX al siglo XXI. En 1998 había realizado “Ocean´s Eleven”, un enérgico divertimento. En 2002 le echó un pulso a Tarkovski, para releer al Stanislaw Lem de “Solaris”.

Hay un momento vertebral en este filme donde guionista y director traspasan el umbral del verosímil. A partir de allí, le es dado a la persona espectadora de este relato poner en duda todo lo que hasta ese momento creía ver. Dicho de otro modo, tras el estupor de asistir a una actitud inesperada, surge la claridad de vislumbrar que lo real no es lo que creía.

Hay un momento vertebral en este filme donde guionista y director traspasan el umbral del verosímil. A partir de allí, le es dado a la persona espectadora de este relato poner en duda todo lo que hasta ese momento creía ver. Dicho de otro modo, tras el estupor de asistir a una actitud inesperada, surge la claridad de vislumbrar que lo real no es lo que creía.

Hasta ahora, Ari Aster era un total desconocido. Un chaval alumbrado hace 32 años en la Nueva York que se encaminaba hacia su transformación en un parque temático. Nació al final de la década de los 80 y la ciudad de Woody Allen y Martin Scorsese sufriría, poco después, bajo la batuta de su alcalde Rudy Giuliani, algo más que un cambio de maquillaje.