La prosa de Nick Hornby lleva seduciendo al mundo del cine desde hace mucho tiempo. En este caso, “Juliet, desnuda”, en cuanto libro, cumple ahora diez años pero su contenido permanece vigente, esa mezcla de romanticismo contemporáneo de suaves perfiles pero roles y contextos reconocibles en el aquí y ahora, le imprimen unas virtudes en tiempo de cine hiperbólico de estruendo y furia.

“Lo que esconde Silver Lake” no será para cada persona que vea este filme lo mismo. Ese tono sombrío que le caracteriza, ese argumento laberíntico, mezcla de lo onírico con lo inquietante y perverso, potencia una calculada ambigüedad. Pero lo que esconde su realizador, David Robert Mitchell, está claro.

En su doble condición de spin-off y precuela, en ese exprimir lo inexprimible en el que anda ocupada la industria cinematográfica norteamericana, le cabe a “Bumblebee”el mérito de ser un producto solvente, una película divertida, un constructo capaz de dar un rostro desenfadado y ágil a un universo sobre el que los espectadores de más de 40 años no tienen, en su mayor parte, ningún interés y ninguna idea.

La pregunta, como en la vieja canción de Burning, sería “¿qué hace el director de “Saw”, “Insidious” y “The Conjuring”, el más relevante autor del cine de terror del siglo XXI, al frente de una película de superhéroes?”.

Por eso cabría preguntarse qué significa que en poco tiempo veamos estrenarse, casi simultáneamente, dos títulos sobre jóvenes de buena familia y mala cabeza atrapados en la toxicodependencia en los EEUU. del final del segundo decenio del siglo XXI. ¿Simple coincidencia? No lo parece.

Con “Viudas”, el luto se impone por el descalabro anunciado de Steve McQueen, un artista fugaz que, como los recuerdos del Roy Batty de Blade Runner, se disuelve como lágrimas en la lluvia. Se ha bromeado mucho sobre la cruz que Steve McQueen, un londinense de origen africano, tuvo que soportar al ser bautizado con el nombre de la inolvidable estrella nacida en Indiana en 1930.