Escasamente conocida entre nosotros y, por lo tanto, en absoluto recordada, Lee Israel fue una reconocida autora de biografías que en los años 60 y 70 cosechó notables ventas y un indiscutido prestigio. Fue autora de semblantes como los dedicados a Katherine Hepburn, una inmersión emocional que buceó en la legendaria historia de amor entre la actriz de “La fiera de mi niña” y Spencer Tracy.

Doscientos millones de dólares y 15.000 empleados dan noticia del poder que sostiene esta película, “Alita: Ángel de batalla”. Un poder alimentado por su productor, James Cameron, uno de los más influyentes y exitosos profesionales de las últimas tres décadas; y rubricado por su director, Robert Rodríguez, un cineasta que, junto a Tarantino, renovó y emblematizó el cine de los 90.

Ahora se avergüenza y pide perdón, pero hace 20 años Peter Farrelly, junto a su hermano Bobby, dinamitó la muga del buen gusto y la corrección politica. En un claro desfase entre la ficción de sus comedias locas y la vida corriente, Peter Farrelly se hizo popular por una grosería; en cuanto tenía ocasión mostraba su pene a sus interlocutores, fundamentalmente si éstas eran mujeres.

Este blues al que hace referencia el título del segundo largometraje de Barry Jenkins entona una melodía triste para acompasar un melodrama surgido para reivindicar desigualdades y ganar premios allí donde vaya. Jenkins ya evidenció su oficio y su estilo con su primer filme, “Moonlight”, una película con deudas autobiográficas y voluntad conciliadora.

Hay una sincronía entre el movimiento de su protagonista, un incombustible ladrón de bancos al que le da rostro Robert Redford, y el ritmo de la película. Se nos ha dicho que Redford se retira como actor con “The Old Man and the Gun” y, ciertamente, los 82 años que ha los lleva inscritos en las arrugas de la piel y en la dificultad con la que mueve su cuerpo.

Ante la presentación de “Creed I” se hacía evidente la plasmación del paso del tiempo. Era la séptima entrega de la llamemos saga “Rocky”. Habían pasado cuarenta años desde que se empezó a filmar la historia de un boxeador de serie B al que una oportunidad le colocó en la cima del mundo pugilístico.

En “Glass” se asiste a un fenómeno singular. Con “Glass” se cierra una trilogía cuya gestación no ha seguido los cauces habituales. Entre las notables, hay trilogías pergeñadas desde el primer día del rodaje, por ejemplo, “El señor de los anillos”; y trilogías concebidas por el éxito de cada un de sus entregas, “Toy Story” (aunque ahora es ya tetralogía).