En la secuencia cumbre, la única en la que el filme parece despertar insinuando un camino de irreverencia que finalmente no tomará, cuando Annie, el personaje que protagoniza Cameron Diaz, esnifa una raya de cocaína en compañía de su futuro director, un aparente ejemplar padre de familia que vela por la buena imagen del país de los sueños que se compran con dinero, la disparatada luz de los originarios Farrelly ilumina lo que hasta ese momento es pura mediocridad.
Hay varios hundimientos en este naufragio total en el que se abisma esta obra inspirada en El planeta de los simios que en 1968 protagonizó Charlton Heston. El peor parado se llama Matt Reeves, un lugarteniente de J.J. Abrams, al que sólo se le pedía igualar los pulcros logros alcanzados por un Rupert Wyatt que supo armar sólidamente El origen del Planeta de los Simios.
La cueva supuso una atípica experiencia fílmica. Para llegar a este formato que ahora se ofrece en los cines, tuvo una existencia anterior. Luego se filmaron nuevos planos y asumió un remontaje nuevo. Al comienzo, se filmó con una escandalosa escasez de medios. Al final, con la ambición de seguir caminos más o menos rentables como el que representa la trilogía (pronto tetralogía) de REC.
Cuando el filme se despide, Amini dedica un guiño-recuerdo a dos cineastas de notable peso específico: Anthony Minghella y Sydney Pollack. Lo mismo hizo la actriz Kate Winslet cuando fue nominada para el Oscar por su papel en El lector. Y es que ambos, fallecidos casi al mismo tiempo, formaron un buen equipo cuyos proyectos inconclusos poco a poco van aflorando.
El cine del tercer milenio escarba sin vergüenza ni disimulo en el mundo de los cuentos de hadas. Y por razones a desentrañar, desembocan allí maduras actrices de amplio historial e indiscutible belleza. Hace una década, acaparaban (siguen en la cima) las listas de las sex-symbol de occidente; ahora se recrean haciendo de villanas en estos cuentos de niños fabricados para seducir a sus padres. Como es sabido, son los padres quienes eligen las películas infantiles de sus hijos.
Si el año pasado Searching for Sugar Man dirigida por el malogrado Malik Bendjelloul, arrasó en medio mundo y rescató de las tinieblas del olvido la figura de Sixto Rodríguez, A veinte pasos de la fama parece intentar algo semejante sacando del anonimato a las chicas del coro. Ambos filmes han ganado el Oscar a mejor filme documental, ambos se centran en la escena musical pero… ambos son profundamente distintos en todo lo demás.
Símbolo de la barbarie bélica, Godzilla nació en 1954, nueve años después de que Japón recibiera dos zarpazos criminales en Hiroshima y Nagasaki. Aquella traca apocalíptica con la que se rubricó el final de la segunda guerra mundial, holocausto sanguinario que supuso el asesinato de miles de personas inocentes, fue una exhibición obscena de la capacidad de matar del ejército estadounidense.




