Nuestra puntuación
2.0 out of 5.0 stars

Título Original: ONE NIGHT ONLY Dirección: Will Gluck  Guion: Travis Braun y Will Gluck, a partir de la novela de Travis Braun Intérpretes:  Monica Barbaro, Callum Turner, Maya Hawke, Julia Fox y Molly Ringwald  País: EE.UU. 2026 Duración:  102 minutos

Sexo ficción

Como la novela de Travis Braun de la que se alimenta, el argumento de «Una noche al año» se disfraza de política-ficción. Su contenido, su única idea, trepa sobre una loca hipótesis que nos recuerda hasta dónde podría llegar un gobierno ultraconservador, pseudodemocrático y amoral como el que Trump representa frente a una ciudadanía obediente y apática. El filme nos cuenta el comportamiento social de los hijos del sueño americano ante el decreto promulgado por el gobierno de EE.UU. que impone la abstinencia sexual a la población soltera. La norma contempla su ruptura un único día, una noche de desenfreno que no oculta su naturaleza de inofensiva versión romántica, húmeda y tonta de «La Purga».

Will Gluck se centra en esa «Nochebuena» libidinosa siguiendo las huellas del «¡Jo, qué noche!» de Martin Scorsese. En otras manos, un mundo así, donde la ciudadanía tiene un tatuaje en la muñeca controlable por la policía para poder fornicar cuando lo permite el estado, hubiera dado lugar, en los 50 y 60, a sombrías distopías en un mundo marginal de delaciones, transgresiones y actos de resistencia. De haberse filmado en los desengañados 70, o en los infantilizados 90, ese contexto hubiera desembocado en una orgía sexual fraterna o en una exaltación de tangas de cuero y tacones de punta. Pero en 2026, tiempo blando, tiempo cobarde, los guionistas Braun y Gluck ni siquiera imaginan una respuesta colectiva frente a tan disparatada agresión contra la libertad. Así que, como si fuera el día de Acción de Gracias, lo que Gluck ilustra no es sino el peregrinar de dos protagonistas en busca de ese polvo que les recompense ante tanta mortificación. Este particular «Tú y yo» a los cinco minutos de su comienzo, ya no ofrece dudas de que cocinará una comedia almibarada y neoconservadora. Una fruslería más atenta a filmar la lencería íntima de las protagonistas que a criticar la pesadilla distópica del mundo en el que viven. Todo descansa pues en la química entre Monica Barbaro y Callum Turner, poca, y en las andanzas, previsibles y carentes de gracia de un guion alumbrado bajo la fiebre de ese «involuntary celibate» que tantos disparates propicia. Y esa es la cuestión, hasta cuándo tendremos que tragar con tanta basura audiovisual que nos llega desde EE.UU.

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