Título Original: ERUPCJA Dirección: Pete Ohs Guion: Pete Ohs, Charli XCX, Lena Gora, Jeremy O. Harris y Will Madden Intérpretes: Charli XCX, Lena Góra, Will Madden y Jeremy O. Harris País: EE.UU. 2025 Duración: 71 minutos
Viaje a Praga
Escrita a diez manos, o sea con la participación de sus cuatro protagonistas junto al director, su guion ya denota y delata la naturaleza con la que ha nacido esta curiosa comedia neorromántica que tiene en la cantante Charli XCX su principal reclamo de salida. «Erupcja», palabra polaca que significa «erupción», dura poco más de una hora, brevedad agradable en tiempo de películas siempre alargadas, siempre excesivas. Transcurre en tierras polacas, concretamente en Varsovia, durante el llamado «brat summer» creado por Charli XCX en 2024. El filme se comporta como lo que es, un relato improvisado, una aventura desprovista de artificio y estructura, que sobrevuela cuatro destinos en un largo fin de semana. El origen, la idea primigenia, surgió en una noche de fiesta ebria del cruce, así lo han contado, entre el realizador estadounidense Pete Ohs y la icónica cantante británica Charli XCX. De aquella conversación borrosa surgieron dos ideas: una relación entre una pareja, «una habla polaco, la otra no», y un contexto de fondo presidido por las consecuencias lejanas de una erupción volcánica.
En realidad, todo es puro pretexto al servicio de una narrativa que asume su contexto generacional. Una forma de asumir el presente que no necesita grandes presupuestos ni argumentos impactantes. Un cine indie deudor tanto del Rossellini de «Stromboli», como del desencantado Eustache. Un poco al estilo del Jonás Trueba, Ohs ha asumido esta incursión como si fuera un quinceañero que rueda sin freno, sin dinero y sin brújula. Su mínimo argumento crece sobre la visita a Varsovia de una pareja. Él quería ir a París, la ciudad del amor, porque quería sorprenderle con el anillo de su madre para pedirle matrimonio. Ella escogió Varsovia porque, sabedora de lo que le esperaba, necesitaba disipar sus dudas. En Varsovia había conocido a una florista y con ella mantiene, como en los relatos de Paul Auster, una complicidad subterránea. Cree que cada vez que se juntan un volcán entra en erupción. Y eso, entrar en erupción, con ese solícito pretendiente que la pretende, es lo que la novia no halla. Ni hay mariposas en el estómago, ni siente que tiembla lo que debería temblar. ¿Qué pasará?
Conformada como un alegato generacional, la película desprende tanta frescura como ligereza. Su percepción dependerá de la cercanía vital con los modos y costumbres de sus jóvenes protagonistas. Pero, más allá de esas empatías y antipatías que cultivan sus comportamientos, se percibe la sensación de asomarse al «modus operandi» de una generación nacida en el tercer milenio: gente nueva para un mundo viejo.
