Hasan Hadi ubica su primer largometraje en su tierra de origen y parte de sus propios recuerdos infantiles. O sea, ha rodado en las marismas de Mesopotamia, en el origen de la humanidad. Allí, entre los arrabales y Bagdad, acontece esta película.
Ciento cuarenta minutos separan las imágenes de un espermatozoide penetrando en un óvulo, de la imagen de un bebé nacido prematuramente en el octavo mes de su gestación. Dos horas largas que pasan fugaces, pura adrenalina en vena, al galope.
Los hilos que mueve Sean Baker, productor y coguionista en «La chica zurda», no se disimulan; al contrario, se muestran al descubierto. Esta «chica» da noticia de su afinidad con el universo del cineasta norteamericano.