Título Original: LEFT-HANDED GIRL Dirección: Shih-Ching Tsou Guion: Sean Baker y Shih-Ching Tsou Intérpretes: Janel Tsai, Shih-yuan Ma y Nina Ye País: Taiwan. 2025 Duración: 108 minutos
La mano del diablo
Los hilos que mueve Sean Baker, productor y coguionista en «La chica zurda», no se disimulan; al contrario, se muestran al descubierto. Esta «chica» da noticia de su afinidad con el universo del cineasta norteamericano. Aunque la película es taiwanesa de producción, y el contexto y los retratos sociológicos que se muestran acontecen en Taipei, se diría que «La chica zurda» nos devuelve el reflejo oriental de la madre e hija protagonistas de «The Florida Project» (2017). Por ejemplo, no es casualidad que I-Jing (Nina Ye), 6 años, la chica zurda, la de la mano del diablo del filme de Shih-Ching Tsou, tenga la misma edad que la procaz niña del citado filme de Baker.
Ambas representan la sublimación de la espontaneidad infantil, la ausencia de culpa en un mundo de adultos que apesadumbra por su miseria moral, por su fragilidad económica y por la ausencia de futuro. En todo caso, en el filme dirigido por Shih-Ching Tsou, se cuelan algunos destellos de comedia, un aire más humanizado y, tal vez, un porvenir menos predeterminado. De hecho, la gran diferencia que separa ambos filmes se palpa en la presencia o ausencia del contexto familiar. Frente a la soledad que acosaba a las protagonistas de «The Florida Project», aquí se impone la multitudinaria soledad en compañía del cumpleaños familiar con el que culmina este título.
La directora, taiwanesa de origen, se ha forjado en Nueva York y prácticamente ha desarrollado su carrera cinematográfica -además de directora, es guionista, productora y actriz- al lado de Sean Baker. Su firma aparece en buena parte de sus películas y en este su primer largometraje como directora, Shih-Ching Tsou evidencia una complicidad evidente. En algún modo, podría establecerse un abrazo solidario entre este filme y la pieza vertebral de otro cineasta taiwanés prematuramente desaparecido, «Yi-yi» (2000) de Edward Yang. Ambos fían su suerte a la frescura infantil, y ambos confrontan una misma ausencia de prejuicios y una total rebeldía con respecto a los protocolos imperantes en el cine «mainstream».
Bien filmada y con ritmo vivo; en las antípodas de ese cine anfetamínico lleno de speed con el que nos martiriza el cine del Hollywood contemporáneo, «La chica zurda» se recibe y se percibe como un relato amable, hondo, emotivo y humano. Una crónica familiar acosada por el desamparo, pero redimida por su espontaneidad y su desparpajo.
