Más allá de la desorientada travesía de un jubilado británico en un Benidorm, de zombies matinales y enloquecidos noctámbulos, todo de lo que se nos  habla en esta película repite un mismo nombre propio. El de su realizadora, guionista, cámara y directora de fotografía, Isabel Coixet.

“Baby” se estrena en el final del 2020, en el tiempo de los confinamientos. Pero todo en “Baby” se sabe y bebe de otro tiempo. Huele a pachulí y marihuana, y su tacto roza épicas sinfónicas y terciopelo azul.  La gramática del director vitoriano proviene de los años 80, cuando Bajo Ulloa (1967) empezó a cincelar su propio discurso.

En 1998, Mateo Gil dirigió un cortometraje lleno de mala leche: “Allanamiento de morada”. Entonces tenía 26 años, pero no era un recién llegado. Dos años antes había triunfado con “Tesis”, suyo era el guion -como lo serían la mayor parte de los que luego filmó Amenábar-, y ya, en 1993, es decir con 21 años, había dirigido su primer cortometraje (re)conocido. 

Titulada igual que el quinto filme de Kieslowski dedicado al “decálogo” de la tabla de la ley mosaica, “No matarás”; nada habría tan diferente entre sí como estos dos filmes que responden al mismo título. El que ahora nos ocupa, el que rinde culto a Mario Casas: con su nuca empieza todo, con su rostro empapado en lágrimas todo acaba; se debe a una exhibición formal de ritmo y violencia.

Condenado a transitar por los arrabales de la exhibición audiovisual, el cine de Charles Stuart Kaufman (Nueva York; 1958) se considera tóxico para las salas de cine. Poco a poco, los relatos que fluyen de su inclasificable cabeza, se ven postergados. Paulatinamente aparecen cada vez más de manera esquinada, furtivamente, por dónde menos se espera.

Hace dos años, “A Land Imagined” se hizo con el Leopardo de Oro del festival de Locarno. Unas semanas más tarde, un festival tan canónico como Valladolid tuvo a bien destacar su calidad y le concedió un premio a su fotografía. Pese a ello, a que es una película premiada, “A Land Imagined” podría no haber llegado nunca a nuestras carteleras.

Si a “Tenet” se le borra del guión todo aquello que gira en torno a la paradoja del “abuelo”, tendríamos un cruce perfecto entre la nueva entrega de “Misión imposible” y la última versión renovada de 007. De hecho, la estructura de su producción se debe a ese modelo circense.