El contexto podría ser el escenario de “El odio” (1995), el filme de Mathieu Kassovitz con el que se consagró Vincent Cassel. En cambio, el texto, parece adentrarse en el laberinto emocional de “Training Day” (2001), la implacable pieza de Antoine Fuqua que enfrentaba a Denzel Washington y Ethan Hawke con la presencia siempre densa e impactante de Eva Mendes.
En “Los lunes al sol” (2002), Fernando León de Aranoa ponía en boca de Santa (Javier Bardem) una cáustica lectura sobre los cuentos de hadas. Era, la suya, una mirada aparentemente procaz y crítica -en general recibida con sonrisas de complicidad por un público afín- sobre el maniqueísmo simplista de cierta manera de entender los relatos tradicionales.
La película se abre con imágenes de bomberos saltando en paracaídas para descender allí donde reina el fuego. Termina con sus protagonistas chamuscados y en tierra firme tras una aventura que promete más de lo que da. Especialmente por la falta de tensión en el relato y por la escasa hondura en el modelado de los “malos” de un filme cuyo leit motiv se nos oculta.
Si buceamos en el pasado de Ilya Naishuller, un profesional ruso que ahora trabaja para EE.UU., descubriremos muchos videos musicales y un largo de acción cibernético. Nada más, ni nada menos. Si abrimos en canal lo que “Nadie” es, encontraremos una mezcla emponzoñada entre la iconografía malsana de David Lynch y un dulce olor a podredumbre de David Cronenberg.
Que el estreno de “Pequeños detalles” tenga lugar cuando celebramos treinta años de “El silencio de los corderos”, resulta significativo. De momento sirve para cruzar entre sí ambos títulos. Y de ese cruce se impone una única conclusión: el filme de Jonathan Demme resulta inalcanzable para “Pequeños detalles”.






