Bajo tres banderas aparece “No dormirás”, una película dirigida por Gustavo Hernández que se adentra en el suspense bajo la advocación a Polanski. Todo el mundo se aferra al hacer de un cineasta que convirtió su vida en una fuga permanente. Y aunque es posible que algo del autor de “El quimérico inquilino” se proyecte sobre este No “dormirás”, su sustancia vital mira hacia dos hechos muy diferentes y aquí encadenados.
“Un lugar tranquilo” re/clama la paz de los cementerios, la inmovilidad de las ruinas y el silencio de los muertos. Esta esmerada y meritoria incursión en el género del terror posee muchas virtudes y una penosa servidumbre. Sin esta última estaríamos hablando de un filme de culto, de una obra importante. Podría haber sobrevolado hasta el territorio de Stalker de Tarkovski.
La primera reacción tras ver La muerte de Stalin nos interpela con una cuestión: qué hubiera pasado si este filme se hubiera realizado hace cincuenta o sesenta años. Es decir, en plena guerra fría. En el tiempo de los hechos aquí narrados. Lo que aquí se desvela gira en torno a los últimos días de vida de Stalin.
Se cumplen diez años exactos de la aparición de Frontier(s), primer largometraje de Xavier Gens y obra que le encumbró de manera inmediata. Nacido en Dunquerque en 1975, Gens entraba en el pabellón de directores franceses llamado a alumbrar una época de oro en un género, el del terror, poco atendido y peor comprendido en una cinematografía devota del cine de autor y/o de la comedia popular.
Los estrenos casi consecutivos de La torre oscura y de It han encendido los focos sobre la autoría del escritor norteamericano, Stephen King. En medio de esta escena sobre-iluminada, se señalan datos como la impresionante capacidad seminal de su legado literario, para impulsar decenas de adaptaciones cinematográficas.






