La capacidad del cine fantástico para significar mucho más de lo que reproduce y representa y para convocar aquello que se escapa de la evidencia de su anécdota argumental, hacen de este género, el más polisémico de todos, el más inquietante, el que mejor puede y quiere simbolizar los miedos que amedrentan al ser humano y sus fantasmas. It Follows da una lección de solvencia del poderío del género fantástico.
Babadook sorprende por la claridad de sus ideas, por el sólido acervo de sus referentes y por la impagable interpretación de su principal protagonista, Essie Davis. Una mirada superficial la etiquetaría como cine de terror al uso, carne de video-club por más que ahora no haya vídeos ni nadie alquile nada.
Resulta resbaladizo y difícil imaginar qué lugar ocupará dentro de unos años en el panorama de nuestro cine un director como Álex de la Iglesia, cuya obra, al menos la realizada hasta ahora, parece moverse feliz en una montaña rusa capaz de convocar algunas de las mejores secuencias nunca filmadas por directores de nuestro entorno, junto a decepcionantes (re)soluciones rotas por urgencias inexplicables o malogradas por no poder mantener el brillante horizonte que se marca en sus despegues.
Divertimento para sortear la monotonía de las noches de invierno para unos; llave de entrada a lo desconocido para otros, la Ouija, un abecedario ilustrado sobre el que supuestas fuerzas ocultas deletrean mensajes que son recibidos por sus practicantes como revelaciones del más allá, ya tiene su película.
Nada ha podido superar todavía la conmoción que provocó El exorcista, el filme de William Friedkin realizado hace ahora 40 años. Recapitulemos. Eran los años 70, un tiempo de confrontación con una realidad que no era la que habían preconizado los movimientos libertarios del 68, ni el ya imparable reconocimiento de los horrores del Vietnam, los delirios de Mao, la locura en la América latina o el nuevo cautiverio de la Europa del Este.
La cueva supuso una atípica experiencia fílmica. Para llegar a este formato que ahora se ofrece en los cines, tuvo una existencia anterior. Luego se filmaron nuevos planos y asumió un remontaje nuevo. Al comienzo, se filmó con una escandalosa escasez de medios. Al final, con la ambición de seguir caminos más o menos rentables como el que representa la trilogía (pronto tetralogía) de REC.
La irrupción de una directora como Isabel Coixet en el cine de terror, sorprende a medias. Antes que ella, Amenábar y Bayona, además de Balageró y Plaza, directores españoles cercanos a su generación, obtuvieron alta rentabilidad de un género habitualmente despreciado por la oficialidad académica, tanto crítica como política.
Ti West, autor de obras ¿(re)conocidas? como La casa del diablo o como la todavía inédita entre nosotros, salvo su paso por Sitges, The Sacrament, ha sido saludado como uno de los renovadores del cine de terror contemporáneo. Situada entre ambas obras citadas, Los huéspedes, (2011), no oculta la humildad de su presupuesto y consigue cultivar algunos de los rasgos que avalan la personalidad de su autor. Guionista, editor y director, Ti West aparece como un hombre orquesta del cine actual.
Al menos una gran lección muestra esta adaptación norteamericana del Oldboy coreano. La de certificar la enorme diferencia que existe entre un autor grande y un copista pequeño. Poco importa que el copista se llame Spike Lee y en los años 80 fuera uno de los abanderados del llamado nuevo cine neoyorquino.


