Whisplash, algo así como latigazo -en argot más coloquial, tralla-, venía siendo para el público no angloparlante el nombre de un grupo de trash metal y el título de una canción de Metallica del álbum Kill ‘Em All. Cierto es que existen al menos dos películas (casi desconocidas) con ese título pero, a partir de ahora, el éxito comercial, la voraz dirección de Damien Chazelle y las rigurosas interpretaciones de Miles Teller y J.K. Simmons, harán que cada vez que se escuche la palabra Whisplash se imponga la turbia imagen de un ambicioso batería capaz de (sufrir) todo para alcanzar la gloria.

Hay un pasaje especialmente perturbador que preside el tratamiento que Richard Glatzer y Wash Westmoreland aplican a un filme que surca el diente de sierra inherente a esos relatos que se abisman en la enfermedad y la muerte. Siempre Alicia, o mejor, como sugiere con más precisión el título original, Todavía Alicia, aparece como una nueva incursión a través del Alzheimer y sus horrores.

La enfermedad de Iñárritu probablemente ya no tiene remedio. Se llama vanidad y al autor de Amores perros ese cáncer le ha oxidado hasta la médula ósea. Birdman parece una gran película pero apenas acierta a balbucear un grito de impotencia, la de su director que constantemente se retrata con ella y en ella. Posee un sofisticado guión, una partitura de lujo montada sobre dos rieles.

En el cañón de un mellado Sherman, un poderoso tanque norteamericano muy utilizado durante la segunda guerra mundial, se lee la palabra Fury. Ese distintivo lo diferencia del resto de fortalezas de hierro y fuego que aparecen en la película, y lo convierte en el verdadero protagonista de esta cinta. Ese “Fury” le da título y señala su contenido, puesto que de furia y muerte es de lo que trata este filme bélico.

El título castellanizado desvela, más que su título original, quizás un deseo de transparentar su argumento. Cómo acabar con tu jefe (2011), la entrega anterior, mostraba las idas y venidas de tres sujetos a quienes, por una u otra razón, les resultaban insoportables, odiosos y hasta asesinables los directores de sus trabajos. El triple protagonismo masculino, asumido por la combinación Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day, no ocultaba el deseo de navegar a rebufo de la línea de éxito de esas llamadas nuevas comedias americanas tipo Resacón en Las Vegas.

Aquí había un gran tema y con él y para él se había escrito un guión poderoso. Hace tres años que se hablaba de él como de algo notable. Ciertamente estamos ante un territorio en cuya cúspide, reina un personaje complejo y singular: Alan Turing; un matemático superdotado, un criptoanalista brillante y uno de los padres fundacionales de la informática. Y también, una mente prodigiosa asfixiada por los prejuicios de su tiempo.

Evitaré la innecesaria referencia a la dimensión de actriz-estrella de la mujer responsable de este filme, Angelina Jolie. No viene a cuento. Construida a partir del relato de un personaje que evitó echarse a perder en su juventud gracias al atletismo, protagonista de una proeza en los juegos olímpicos de la Alemania nazi y superviviente de un infierno en la segunda guerra mundial, Invencible ofrece una especie de tres en uno.

Hubo un tiempo en el que la presencia de Tim Burton al frente de un proyecto era garantía de heterodoxia, de riesgo, de originalidad. Eran años de inventiva y mordacidad. Daba igual el género que la historia, Burton se las ingeniaba siempre para imprimir un sello singular y reconocible. En sus manos, un cuento tradicional como Sleepy Hollow; una apropiación más o menos impostada de un icono como el monstruo de Frankenstein, Eduardo Manostijeras; o un biopic maquillado como un ensayo sobre la genialidad y/o la locura, Ed Wood, daban lugar a filmes inolvidables, rebosantes de ideas propias, vibrantes y arrebatados.

El punto de partida de Mommy no es real, tampoco lo es su tratamiento por más que el excelente trabajo interpretativo de sus principales actores resulte muy convincente. Mommy, a veces resulta estremecedor. Siempre es intenso, maquiavélicamente intenso. No hay nada espontáneo, nada fuera del férreo control y del extremo artificio que circunda a este inquietante filme disfrazado de melodrama, pero con alma de cine de terror en su núcleo más profundo.