Convertida en una de esas agradables sorpresas que cada año nos depara el cine yanqui que no ambiciona premios sino captar la mirada del público, Verano en Brooklyn despliega una radiografía de personajes muy bien delineados. Un retrato coral de esa clase media, hombres y mujeres corrientes, que tienen hijos, que enviudan o se separan, que saben de la muerte y del amor y que deben enfrentarse al coste de la vida y a la escasez de dinero.
En Cayo Largo (1948), inolvidable filme de John Huston, el gángster protagonizado por un inmenso Edward G. Robinson, interpelado por Humphrey Bogart sobre qué quiere si tiene todo, responde: “Quiero más”. En un momento de Inferno, esta secuela de El código Da Vinci y Ángeles y demonios, un personaje también grita que quiere más.
En este filme de Oliver Stone hay un detalle mínimo que a la inmensa mayoría le pasará desapercibido. Se nos dice que una de las películas favoritas de Snowden es Ghost in the Shell. Esa obra mayor del anime japonés -que está a punto de ser traicionada por Hollywood-, plantea el advenimiento del hombre nuevo. En realidad, de una mujer cuya identidad física resulta intangible porque su naturaleza reposa en la red informática. Snowden, el espía que se cansó de espiar y que denunció a su propio país, EE.UU., por su ilícito afán de controlar todo, era un patriota.
Han pasado más de treinta años del debú como director de largometrajes de Tim Burton. Cuarenta y cuatro desde su primer cortometraje. Todos saben que fue un chico Disney, al que la factoría Disney, en horas bajas, no supo entender. Desde entonces, 18 largometrajes como director, más un puñado como productor, establecen una carrera irregularmente notable. Se le achaca que ya no es el que era pero, a estas alturas, ese que era no queda claro a qué se refiere.
La película fundacional del cine USA fue El nacimiento de una nación (1915). Llevamos pues cien años en los que Hollywood nos repite, de vez en cuando, la misma historia. Un relato que, filme a filme, aporta nuevos datos para hacernos entender que pasamos por la vida deslumbrados por el engaño. Creemos saber la verdad cuando desconocemos casi todo. Así, entre las muchas virtudes de Los hombres libres de Jones destaca la de su capacidad para penetrar allí donde otros cineastas, con más nombre y con más dinero, no supieron hacerlo.
Si atendemos a su ideología y a su actitud profesional, se puede establecer una línea de férrea afinidad entre el neoyorquino Mel Gibson y el californiano Clint Eastwood. Ambos son actores y directores. Ambos declaran ser extremada y apasionadamente conservadores. Y ambos, de vez en cuando, hacen declaraciones altisonantes y defienden planteamientos políticos tan discutibles como incómodos.
Pronto cumplirá 81 años. Ha filmado casi medio centenar de películas, todas ellas dirigidas y escritas por él. Así mismo, muchas de ellas, hasta que cumplió los 70, han sido protagonizadas por él y él aparece proyectado en las situaciones, personajes, emociones, ideas y opiniones que (re)crea a partir de sí mismo.
Criminal aparenta seguir los pasos de la saga Bourne. A ella parece encomendarse Ariel Vromen, un cineasta de origen israelí aunque ya afincado en EE.UU., que ahora dirige esta película de bandera británica. Pero en realidad, el argumento, lo que sus guionistas habían labrado en el interior de esta película era y sigue siendo algo muy diferente.
Con importantes modificaciones argumentales con respecto a la versión que en 1977 dirigió Don Chaffey, este Peter y el dragón funciona como un arquetípico producto Disney. Desarrolla toda la artillería pesada para provocar la emoción cuantas veces haga falta, posee una factura solvente, los efectos especiales rozan la plenitud y la historia funciona tanto para los más pequeños como para los adultos que les acompañen.
En otros territorios no suele pasar pero en el terror son muchas las películas que, antes de ser largometrajes y gozar de una distribución internacional normalizada, nacieron como cortometrajes. Los resultados no suelen ser buenos porque si el cortometraje lo era, quiere decir que tenía la duración, el tono y el desarrollo que la historia exigía.

