En un verano cinematográfico devorado por las llamas de la insustancialidad, con apenas media docena de buenos títulos relegados al fondo de la cartelera, siempre queda alguna esperanza. Una de esas claraboyas que nos trae luz, proviene de los aquí ya citados Atlántida Festival y Filmin.
En una de las intervenciones de este documental de muchas voces que reivindica el valor de un virtuoso de huella leve y recuerdo imperecedero, se citan tres piezas fundamentales para poder abismarse en el horror del siglo XX: «Si esto es un hombre» de Primo Levi, «Shoah» de
Claude Lanzmann y «Maus» de Art Spiegelman.
Como acontece con tantos biopics dedicados a personas nacidas en el último siglo y medio; es decir, de las que existen filmaciones de ellas, Mario Martone no se resiste a la tentación de incluir, en el tiempo de los créditos, un inserto real de la mujer que durante casi dos horas ha sido ficcionada.
Todo, como es costumbre en las últimas obras de Hong Sang-soo, aparece en gris. Todo se tiñe en matices y sutilezas que se agitan entre el blanco y el negro y que rara vez se muestran blancas o negras. Todo es gris salvo ese estallido de color al final del relato que rueda la novelista a la que referencia su título.







