La novela «El triunfo de la muerte» escrita en 1894 por Gabriele D’Annunzio preside una repisa del apartamento del poeta protagonista de esta radiografía de óxido y hueso. Dicha novela comparte título con la pintura de Pieter Bruegel el Viejo, fechada en 1562.
En una de las intervenciones de este documental de muchas voces que reivindica el valor de un virtuoso de huella leve y recuerdo imperecedero, se citan tres piezas fundamentales para poder abismarse en el horror del siglo XX: «Si esto es un hombre» de Primo Levi, «Shoah» de
Claude Lanzmann y «Maus» de Art Spiegelman.
Como acontece con tantos biopics dedicados a personas nacidas en el último siglo y medio; es decir, de las que existen filmaciones de ellas, Mario Martone no se resiste a la tentación de incluir, en el tiempo de los créditos, un inserto real de la mujer que durante casi dos horas ha sido ficcionada.
Todo, como es costumbre en las últimas obras de Hong Sang-soo, aparece en gris. Todo se tiñe en matices y sutilezas que se agitan entre el blanco y el negro y que rara vez se muestran blancas o negras. Todo es gris salvo ese estallido de color al final del relato que rueda la novelista a la que referencia su título.
La biografía de Terence Davies aparece escrita sobre renglones (re)torcidos. Su vida ha ido avanzando sobre las oxidadas vías de un ferrocarril que parecía estar destinado a quedar varado en una estación sin pueblo. Ya había cumplido los 25 años cuando el joven Davies se ahogaba en la oscura y estrecha jaula de un discreto contable de segunda condenado a pudrirse en una oficina de transportes de su Liverpool natal.






