Título Original: SIRI HUSTVEDT – DANCE AROUND THE SELF Dirección y guion: Sabine Lidl Intérpretes: Siri Hustvedt, Paul Auster, Sophie Auster, Jules Elting y Katerina Fotopoulou País: Alemania. 2026 Plataforma: Filmin Duración: 110 minutos
Tiempo de duelo
En un verano cinematográfico devorado por las llamas de la insustancialidad, con apenas media docena de buenos títulos relegados al fondo de la cartelera, siempre queda alguna esperanza. Una de esas claraboyas que nos trae luz, proviene de los aquí ya citados Atlántida Festival y Filmin. En ellos nos aguarda «Siri Hustvedt, la danza del yo» (2026), de la documentalista alemana Sabine Lidl; un desgarrado y ensimismado ritual que alumbra una vida literaria, la de Siri Hustvedt, al mismo tiempo que se duele por el desvanecimiento de otra existencia no menos singular, la de Paul Auster.
Auster y Hustvedt vivieron juntos más de cuatro décadas. Se conocieron en el Nueva York de los 80 y su aventura deslumbró a la vida literaria y musical de un tiempo cantado por los Talking Heads, pintado por Basquiat y Haring y atravesado por una transformación que convertiría la ciudad de «Taxi Driver» en el Disneyland del Noreste de EE.UU.
Como su título preludia, Sabine Lidl ordena su documental en torno principalmente a esa «Danza del yo» que gira y gira en torno a Siri Hustvedt y su biografía. Su evolución literaria, su relación con Paul Auster y sus reflexiones sobre el feminismo, la ilustración y el pensamiento contemporáneo riegan de interés sus casi dos horas de duración. De manera orgánica, sin que la estructura textual permita prever su argumento, Lidl hace fluir su «¿biopic?» con la voluntad de desvelar la obra y la figura de Siri Hustvedt al mismo tiempo que se sabe testigo de excepción de un tiempo de epitafio.
Una sombra de muerte acompaña a este documental desde el principio. Un estremecimiento sin afectación ni subrayados. Al contrario. La mejor virtud de Lidl como documentalista reside en su capacidad de decir lo justo y sugerir lo más.
Sin abrumar, tras la visión de este testimonio tan conmovedor, surge la necesidad insaciada de cubrir sus silencios, de perderse en sus vacíos hasta romperse. Como ese gemido que habita en ese «Memorial Steilneset», en honor y horror del feminicidio, y hasta donde Lidl acompaña a su protagonista. Como el fuego eterno de la instalación en el espacio diseñado por Zumthor que acoge la última obra de Louise Bourgeois, como esa llama que se entrelaza con el «Dies Irae» (1943) de Dreyer, esta «danza» de Siri Hustvedt, en la hora de su viudedad, no se convierte en un réquiem crepuscular sino en la reafirmación de que las obras de los grandes artistas jamás desaparecen. Por el contrario, perduran y crecen, como en esta película algo triste, tal vez demasiado larga pero indiscutiblemente tan germinal como hermosa.
