Mariano Cohn y Gastón Duprat practican una escritura inteligente, martillean con precisión las contradicciones del hombre ilustrado contemporáneo y retratan las penurias de los engreídos de la cultura, fantoches arrogantes que confunden talento con vanidad.
Decidido a no perder tiempo, como si temiera que el meteorito que nos destruirá está al caer, Lanthimos ha entrado en una fase febril, acelerada y fructífera. Tras «Pobres criaturas», un vaciamiento ético y estético que provocó la ira de esencialistas y minimalistas, la animadversión de los ortodoxos y el desconcierto de los que odian la fantasía, presenta un catálogo de conductas perversas.


