En Roma no se apreciaba mucho a Odiseo, al que allí llamaban Ulises. La etimología de su nombre ya nos señala alguna pista: «el que provoca odio». Por otra parte, la lectura detenida de sus peripecias determina un mal diagnóstico.
Hay un velo de inquietante ambigüedad en todo lo que concierne a esta adaptación algo bizarra, algo anacrónica y conclusivamente hipersanguinaria de las últimas páginas de «La odisea» de Homero. Uberto Pasolini lidera un colectivo internacional para reescribir uno de los episodios más celebrados de la cultura grecolatina desde una sensibilidad de colmillo vengativo y discurso exterminador.

