Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: EL MENSAJE Dirección: Iván Fund Guion: Iván Fund y Martín Felipe Castagnet Intérpretes:  Mara Bestelli, Marcelo Subiotto, Anika Bootz y Betania Cappato  País:  Argentina. 2025  Duración:  91 minutos

Los dos dientes

Rodada en un pulcro blanco y negro, sin dar detalles y sin explicitar su relato, «El mensaje» se apunta al subgénero del cine de carretera. Podía haber sido una versión pampera de «Luna de papel (1973)» de Peter Bogdanovich. Aquí como allí, el hilo conductor son una carretera y una niña. Pero el argentino Iván Fund mueve otras piezas y habita otro espacio. Su niña protagonista, la Tatum O’Neal de «El mensaje», una inédita Anika Bootz, no viaja con un padre amable como lo era el personaje de Ryan O’Neal, sino con unos abuelos de historia sin desgranar donde no queda claro quién protege a quién. Son viajeros errantes que recorren la geografía argentina de pueblo en pueblo «vendiendo» la capacidad de la niña para hablar con los animales. Una «niña santa» rodeada de misterio.

El «It’s Only a Paper Moon», aquí desvela, siempre sin mostrar del todo, siempre con algo que se escurre entre los dientes, lo que se presupone una cruda realidad. La prodigiosa joven de nueve años, en el final de su dentadura infantil, va perdiendo los dientes al mismo tiempo que se percibe la inminencia del día en el que la niña dejará de serlo.

De momento, Fund se regodea con las historias mínimas de una furgoneta en un viaje sin rumbo aparente. Las paradas vienen establecidas para que la niña hable con tortugas tristes, gatos que ya han muerto o mascotas de púas y soledad. Sus acompañantes miran más que hablan. La abuela vende la mercancía. El abuelo, si es que lo es, cobra la minuta. El resto, Fund lo dedica a mostrar los pequeños recesos para comer, instantes de espera y la espera a un «Ratoncito Pérez» de existencia dudosa porque la luna es de papel.

«El mensaje» ofrece menos de lo que promete y se pierde más de lo que nos gustaría. Pero pese a sus arritmias y silencios, por más que el capricho del guion se imponga a la lógica de los personajes; la historia, deja un poso de paz e inquietud al mismo tiempo. Es decir que la película provoca desconcierto. Un estremecimiento paradójico atravesado por la melancolía de lo que todavía está por sobrevenir.

En su gestación, Iván Fund (Santa Fé, 1984) ha vertido mucho de sí mismo y de su propia capacidad para descubrir(se) mientras filmaba. Protagonizada por la hijastra del realizador, alimentada por las circunstancias que esporádicamente surgieron durante el rodaje, para bien y para mal, esa sensación de deriva hacia ninguna parte, encierra el sentido último de un cine nacido «on the road». Un viaje iniciático cegado por el polvo del camino, iluminado por lo inesperado y anclado en una ausencia sin explicación.

Deja una respuesta