Título Original: PROMIS LE CIEL Dirección: Erige Sehiri Guion: Anna Ciennik, Malika Cécile Louati y Eirige Sehiri Intérpretes: Aïssa Maiga, Laetitia Ky, Déborah Lobe Naney, Mohamed Hassine Graya y Debora Lobe Naney País: Túnez. 2025 Duración: 92 minutos
Estoy en la tierra
Louis Delgrés fue un oficial francés mulato de ascendencia africana que dio su vida en la isla Guadalupe luchando por abolir la esclavitud. En 1802, en plena efervescencia napoleónica, la libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa se había olvidado de los hombres y mujeres de África contra los que se había dado la orden de restitución de la esclavitud. Delgres es el nombre de la banda de Pascal Danae que en 2023 editó un álbum titulado como una de sus canciones, «Prometido el cielo», título que bautiza la película de Erige Sehiri y canción que suena en su desenlace final convirtiendo sus estrofas en bombas alegóricas sobre la situación de los emigrantes africanos aquí al lado y ahora.
La acción acontece en Túnez y se centra en las vidas de tres mujeres y una niña. La pequeña ha sobrevivido a un viaje en patera, no hay noticia de sus padres y se encuentra acogida ilegalmente por una predicadora evangélica de Costa de Marfil, cuyos papeles tampoco están en regla. Las otras dos son una madre que se busca la vida cerca de lo que una vez fue Cartago, rasgándose la piel con el filo de sierra de la alegalidad y el delito; y una joven estudiante a la que su condición, le permite residir ¿sin problemas? en medio de una población musulmana cuyo poder político respira la misma empatía humanitaria que caracteriza a la ultraderecha europea y trumpista: ninguna.
Con esos mimbres, una crónica centrada en la condición de la mujer emigrante, con sereno equilibrio y sorteando toda tentación de sensiblería y maniqueísmo, Sehiri impone una crónica seca, áspera y compleja. Un filme sólido que exige al público salir de su zona de complacencia para leer y deletrear la dificultad de sobrevivir cuando apenas se tiene algo e incluso se carece de seguridad legal para vivir donde se habita. Una de las sensaciones que provoca «Prometido el cielo» se llama extrañamiento, desconcierto ante una realidad, la de esas mujeres africanas en tierra tunecina cuya problemática se diría más ajena que lejana.
Esa tierra es a la que alude la citada canción de Pascal Danae, la que repite «Me prometieron el cielo, mientras tanto, estoy en la tierra», se percibe en el fuera del campo. La cámara de Erige Sehiri (Lyon, 1986), se empapa de sombras documentales para mostrar que su prosa ni es convencional, ni simplista, ni se conforma con quedarse en la superficie. Ese ahondar y sugerir, ese velar y desvelar, hace que cuando suena «Prometido el cielo», sepamos que estamos ante una crónica que se mancha las manos hasta recuperar aquella herida de Delgrés por la que todavía se desangra África.
